Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Malos tratos anónimos (el calvario de un Padre)

Hace unos años, no lo olvidaré, discutíamos mi mujer y yo.
Hacía meses que se había vuelto agresiva, exigente, malhumorada...

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Fue crítico cuando se marchó a ocho días de salir de cuentas, sin dejar noticias de su paradero, aprovechando que yo estaba en un viaje de trabajo.
Faltaban ropa y objetos, mi ordenador portátil, todas las fotos de mi hija, pequeños objetos de valor, joyas, etc... faltaba mi hija y yo no sabía si mi hijo podía haber nacido ya o no... llamé avergonzado a los amigos comunes, por si sabían algo de ella.
No: sabían de nuestros "problemas" por ella, claro está, la versión que ella les había contado. Pero no sabían dónde estaba. Algunos, por su hostilidad hacia mí, estaban claramente de su parte.
¡Quién sabe qué versión les habría "vendido" cuando tan claramente podía sentir su desprecio! Llamé a su familia, quienes parecían muy tranquilos pero alegaban que no podían decirme nada, que no sabían nada... Mucho insistí y hasta intenté intimidar: sin éxito. Me negaron cualquier información pese a que, como después fue claro (entonces no era capaz de razonar con claridad), estaban en connivencia con ella.

Dos días más tarde supe que estaban en una de las casas de su familia, a más de cuatrocientos kilómetros de distancia. Iba los fines de semana a ver a la niña, pero me impedía, o cuando menos entorpecía, el acceso a ella. Una vez traté de imponerme (tanto derecho tenía yo a estar con la niña como ella misma, y la niña a estar conmigo): Sólo logré estar dos horas con la pequeña.

El niño, entretanto, se tardaba en nacer. Supe un viernes por la tarde que había nacido por un telegrama que firmaba mi mujer, pero que había sido cursado por una prima suya. Le conocí al día siguiente, guardado entre la familia de su madre como por una guardia pretoriana.
Alguien me dijo que yo no parecía muy contento de haber tenido este hijo. ¿Qué podía decir? Había nacido en una familia en quiebra, y me sentía triste y culpable por ello; había nacido a escondidas de mí, celosamente alejado de su padre; y ahora que le conocía, era ante la supervisión y el menosprecio de la familia de mi mujer, que me miraba con asco todo el tiempo... El acontecimiento más feliz de mi vida había sido profundamente amargado, por mi mujer, tal y como se había propuesto.