Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Malos tratos anónimos (el calvario de un Padre)

Hace unos años, no lo olvidaré, discutíamos mi mujer y yo.
Hacía meses que se había vuelto agresiva, exigente, malhumorada...

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Por las noches, soñaba con lo que me estaba pasando, y era mi único momento de alivio ese segundo de duermevela en el que te despiertas y comprendes que la pesadilla sólo había sido un mal sueño... hasta el instante siguiente en que la consciencia me devolvía la bofetada de los hechos: no era un sueño, sino, ni más ni menos, lo que me estaba sucediendo. La angustia se apoderaba de mí. Levantarme de la cama era una proeza.
Asearme era un reto cada día, e ir al trabajo y adoptar durante ocho o nueve horas una pose digna era un acto heroico, lo único de lo que podía complacerme al cabo del día.
El insomnio me devoraba la mayor parte de las noches, y cuando por fin podía, una vez cada quince días, ver a mis hijos, me encontraba o con la resistencia de su madre o con una denuncia falsa, por no decir una falsa insinuación de abuso sexual contra mi hija emitida por mi mujer ante un juez, aprovechando una comparecencia...
* * *
Ya han pasado algo más de dos años: finalmente, un nuevo juez, jueza en este caso, dictó una sentencia más equilibrada y favorable que el aciago auto inicial, naturalmente, mi mujer apeló. Tras lo que había pasado por encima de mí en los meses anteriores, no tuve fuerzas para forzar a mi abogado para que aprovechara la apelación para volver a solicitar la custodia de mis hijos.
Apenas lo sugerí, se negó en redondo: "yo no apelo una sentencia como esta después de lo que ha pasado". Es un buen profesional y estaba cargado de razón.