Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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Hipocresías sobre la violencia y la ?industria del maltrato?

Imaginémosnos a un ciudadano denunciando los crímenes de un peligroso mafioso.

Imaginémosnos a las autoridades limitándose a cursar -como única y grotesca protección para este ciudadano- una simple orden de alejamiento contra el denunciado hasta la celebración del juicio. No sería el hijo de mi madre quién envidiase la suerte de tan ejemplar ciudadano; teóricamente, amparado por una ridícula protección y, realmente, abandonado en precario a desafiar las posibilidades del asesino.

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O se le proporcionan unas garantías de seguridad similares a las del “programa de protección de testigos” (típico de las películas americanas) o probablemente sea Rita, “la Cantaora”, quién ose delatar las atrocidades de tal indeseable. ¡Para mi que en este mundo está casi todo inventado!.

Por las mismas razones..., ¿quién puede creerse que con tan frágiles medidas de alejamiento, una verdadera víctima de la violencia doméstica y realmente atemorizada por su maltratador, se atreverá a denunciarlo?. El miedo no conoce límites.

Esto resulta tan ridículo como invitar a esa persona –del gremio de las verdaderamente amedrentadas por su personal energúmeno- a que se tire al ruedo ante un toro de quinientos kilos al que le ha sido cursada la famosa orden de alejamiento. ¿Lo entendería el toro?. Pues seguramente tampoco el verdadero maltratador o maltratadota; y menos aún el cautivo de sus vejaciones.

¿De verdad existe algún ingenuo que pueda creer que semejante farsa calmará los temores de la víctima?.

Entonces... ¿qué clase de hipocresía se esconde ante tanta falacia?. ¿Qué intereses ocultos se disimulan tras semejante comedia?. ¿De verdad se pretende proteger a las verdaderas víctimas?; ¿o se pretende humillar al hombre sometiéndolo a los caprichos de ciertas indeseables mujeres?;

desaprensivas que se atreven a denunciar falsamente solo porque: “no es cierto que sientan temor ante su pareja”; muy por el contrario, ésta última resulta ser la verdadera y desgraciada víctima de los atropellos de la calumniadora.

Si efectivamente se deseara proteger al maltratado (hombre o mujer), el mecanismo idóneo sería esconderlo del presunto maltratador hasta la celebración del juicio.

¿Que esto resulta molesto para la presunta víctima?. Pues yo creo que más bien representaría un alivio para sus torturas y una verdadera seguridad para sus temores. Incluso, las penurias sufridas por ese escamoteo podrían interpretarse -con extrema precaución- como indicios de relativa credibilidad a cerca de la veracidad de sus declaraciones y en ausencia de otras pruebas.

No obstante -en conformidad con el principio de presunción de inocencia- lo idóneo es conseguir estas pruebas, antes que arriesgarse a encarcelar o perjudicar a un inocente.

¿O es que, en los tiempos que vivimos, no tiene la policía judicial y forense, medios suficientes como para conseguir tales pruebas...?.