Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

MANIFIESTO POR LOS DERECHOS DEL VARON

Todo hombre como niño, tiene derecho desde su nacimiento a tener su ?carnet genético?. Por tanto, ninguna madre tiene derecho a ocultárselo.

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Todo hombre como padre, tiene derecho a tener relaciones permanentes y estables con sus hijos al margen de las vicisitudes habidas con la madre. Por tanto, la mujer no tiene ningún derecho a ejercer contra el padre tipo alguno de “violencia jurídico-doméstica” al modo de: “rapto legal” de sus hijos  (al no permitirle relación alguna con ellos); “repudio hembrista” (expulsándole de “su casa” con todas las obligaciones y ningún derecho); etc.

 

Todo hombre como abuelo, tiene derecho a relacionarse con sus nietos al margen de las circunstancias que por desavenencias o rupturas estén pasando sus hijos. Por tanto, ninguna mujer tiene derecho a coartar a sus hijos o prohibir a los abuelos de éstos el enriquecimiento mutuo de dichas relaciones.

 

Todo hombre como abuelo, tiene derecho a solicitar en preferencia la custodia de sus nietos cuando por situacion de graves desavenencias y crisis conyugales de sus hijos, aquellos queden en un claro desamparo fisico o psico-sociológico. Por tanto, ninguna mujer tiene derecho para prohibir al abuelo declarar a favor de sus nietos o negarle en situaciones graves la preferencia en el derecho a su custodia.

 

Todo hombre como ser social, tiene derecho a tener sus propias instituciones representativas: foros, institutos, partidos políticos, etc., desde los que defender sus propias especificidades como género hombre. Por tanto, ninguna mujer tiene derecho, ni individual ni colectivamente, a prohibirle tener sus propios entes representativos, sociales y políticos de expresión propia.

 

Todo hombre como ser social, tiene derecho en sus relaciones con el género mujer a decidirse por aquellos modelos y pautas que mejor defiendan en equidad sus intereses como colectivo ante las mujeres. Por tanto, ninguna mujer tiene derecho, ni individual ni colectivamente, a imponerle modelo alguno en su relación con ellas, cuyas consecuencias impliquen algún tipo de “descriminación positiva” para la mujer.

 

 

Pablo el herrero, Julio del 2003