Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Consulta a D. Emilio Calatayud (en su blog)

http://www.granadablogs.com/juezcalatayud/?page_id=6

By francisco rubio martínez, 5 Febrero 2009 @ 13:07

Don Emilio, Su Señoría:

Como ciudadano y, sobre todo, como padre, es un placer y un consuelo poder saludarle y tratarle de muy buena gana de Su Señoría, con respeto y agradecimiento a su labor, y no por necesidad y obligado, como nos ocurre con todos los jueces.

Profesionales del derecho como Su Señoría, como María Sanahuja, como Alejandro Nieto...

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de verdad que son un consuelo y una esperanza para los que nos empeñamos en criar a nuestros hijos contra viento y marea. Soy padre de una niña de siete años, de la que estuve separado a causa de una denuncia de la madre contra mi por supuestos abusos sexuales a mi hija, archivada ¡al cabo de un año! (las cosas de palacio van despacio) con el visto bueno del Fiscal.

Esa es la manera políticamente correcta de decirlo, en vez de hablar claro y decir denuncia falsa, de la que mi ex, como tantas otras (según he ido sabiendo), se ha ido de rositas.

El autor de Gomorra escribe que, cuando te mata la mafia, pasas a ser sospechoso, por el mero hecho de haber sido asesinado precisamente por ella.

Eso mismo sentí yo, la sombra de la sospecha (o sea, encima de cornudo, apaleado) al acudir a la policía, levantada la medida de alejamiento, para reclamar que mi ex me permitiera cumplir el régimen de visitas, a lo que ella se seguía negando, como ya venía haciendo antes de la denuncia.

Pero también me sentí entonces igual que un inmigrante con papeles.

Ante la chulería del inspector que me recibió, yo iba sacando, uno tras otro, con una calma que era más bien que ya no me quedaban fuerzas para irritarme, todos los papeles del juzgado, de antes, durante y después de la denuncia, que, después de tanto tiempo, daban cuenta de la situación y ponían las cosas en su sitio.

Atrapada en las telas de la mentira (como todo el mundo, por lo demás, aunque no todos en la misma medida ni siempre con perjuicio), mi niña es una obsesa de la verdad. Lo primero qué hizo, ¡con cinco años!, fue pedirme cuentas en plan tú de qué vas, por qué has estado tanto sin verme. Yo estuve ahí muy mal (son niños pero no son tontos), no quería hablarle mal de la madre (¡incluso después de lo que había pasado!), así es que me inventé la historia de un brujo bajado de una nube al que cargarle el muerto.

La niña no se conformó y no cesaba de preguntar. Como yo mentía, no sabía a dónde iba a ir a parar el cuento. Paró en que el brujo había bajado porque alguien lo había llamado. ¿Quién ha llamado al brujo?, exigió la niña. Yo, bastante embarazado, no se lo decía, así es que fue mi propia hija la que me preguntó: ¿ha sido la mamá, verdad?

Esa noche consulté ansioso a mis asesores. Todos recomendaron que, sin echarle más leña al fuego, dijera a mi hija la verdad cuando me volviera a preguntar, que fue lo primero que hizo la niña a la mañana siguiente. Aclarado el asunto, se produjo la siguiente escena, de la que me avergonzaré mientras viva, a la vez que estoy orgullosos de mi hija: Mirándome a los ojos, la niña me dijo: "Me has asustado mucho con tu historia tonta del brujo. No vuelvas a engañarme nunca más." "Lo siento mucho, hija, pero es que a mi la verdad me daba tanto miedo como a ti el brujo," le contesté, bajando la cabeza. "Pues a mi la verdad no me da miedo", concluyó la niña.

Cuál es Su opinión, Don Emilio, sobre el asunto de las denuncias falsas en los procesos de separación, cuál es su opinión sobre la custodia compartida, sobre todo considerando estos delicados asuntos desde la perspectiva del menor, que me parece el último mono. Se nos llena la boca con lo de la protección superior del menor pero, a la hora de la verdad, todo consiste en meterlo en el mismo saco de la vivienda y la pensión, como si fuera cosa en vez de ser humano indefenso.

Eso es, para terminar, lo que más me ha conmocionado en este turbio asunto, la tremenda indefensión del menor. Naturalmente, la denuncia de la madre se articulaba así: el papá le hace esto y lo sé porque la propia niña me lo cuenta. Si yo dijera (¡que conste que no lo digo!) que el periodista que comparte con Su Señoría el blog ha cometido un delito contra X, el señor Morán, adulto y con recursos, podría defenderse, por ejemplo querellándose contra mi.

Pero, ante una situación similar, ¿qué defensa tiene una niña de cuatro años, y más contra su propia madre, a la que le unen naturales y deseables vínculos afectivos, para no hablar contra la maquinaria del Estado, suponiendo que el Estado tenga también alguna responsabilidad en las penalidades de mi hija? (Pero ese, el del Estado, que no es "El estado" sino personas concretas, de la misma manera que la sociedad tampoco es "la sociedad", como Su Señoría nos recuerda en el video de youtube, es otro asunto, que podemos dejar para otro día o para nunca).

La defensa de la niña fue el silencio, mutismo selectivo, que dicen los psicólogos, tan espabilados ellos, que tienen nombres para todo. Ni confirmó a la madre, lo que la niña sentía, sin duda, que la alejaría aún más de su querido papá, ni la negó, lo que le habría ocasionado un conflicto con su querida mamá, bajo cuyo techo se albergaba. Por lo demás, la niña ni siquiera debía saber de qué le estaban hablando, aunque los psicólogos intentaran, quizás, traducírselo a "lenguaje de niños", inventándose otros brujos como el mío.

Suponga Su Señoría que volvemos a los tiempos de la Inquisición. Trincamos a una mujer y la acusamos de brujería. La torturamos. Si afirma, para que cese su tormento, ganará como premio la hoguera. Si niega, la torturaremos con más saña, por su propio bien. Así es que al torturado, lo único que le queda es callarse, economizar así fuerzas, y aguantar. Y eso hizo mi niña, callarse como una niña. Uno de sus cuentos favoritos es uno africano, que dice que los animales saben hablar pero no lo hacen para que no los obliguen a trabajar. Pero me estoy poniendo filosófico, abusando del precioso tiempo de Su Señoría. La filosofía, incluso tan cutre, es una de las formas de la impotencia.