Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

LA PATERNIDAD Y LA MATERNIDAD TRAS EL DIVORCIO.

Sariego, J. L. (Abogado de Familia y Mediador) y Morgado, B. (Psicóloga)

Introducción

En las últimas décadas la familia española ha ido sufriendo una serie de cambios de distinta índole. Si comparamos la familia española de hace veinte años y la de ahora podemos observar cómo se diferencia tanto en la estructura como en la dinámica de relaciones y los roles que desempeñan quienes forman parte de ella.

Si atendemos a los cambios estructurales, podemos observar como se ha diversificado enormemente los distintos tipos de familias: existen menos hogares de familia extensa y polinucleares, mientras que se han incrementado las uniones no matrimoniales y las familias monoparentales, de un solo progenitor, al tiempo que han aparecido las familias "reconstituidas", procedentes de uniones anteriores.

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En cuanto a los cambios en la dinámica familiar, es evidente que el creciente y sostenido acceso y permanencia de las mujeres al empleo remunerado, así como el cambio ideológico en que éste se ha asentado, está ocasionando cambios progresivos en los roles que hombres y mujeres desempeñan dentro de la familia, que evolucionan hacia una mayor implicación de ambos, tanto en su sostén económico como en las tareas domésticas y de cuidado de niños y niñas (Alberdi, 1999; Flaquer, 1998).

Todos estos cambios nos han llevado por un lado, a reconstruir las características de la institución familiar, si bien antes era el hombre quien se responsabilizaba del sustento familiar, ahora es ésta una responsabilidad compartida con la mujer. La causa de este cambio podemos ubicarla, como se señala en el párrafo anterior, en el hecho social que se ha dado en nuestra cultura recientemente: la incorporación de la mujer al trabajo y por otro, a un replanteamiento de los roles tradicionales o que hasta ahora han venido desempeñando quienes integran la familia.

La incorporación de la mujer al trabajo ha supuesto que el hombre juegue un papel más activo en las tareas domésticas así como en las de cuidado y educación de los hijos e hijas.

Sin embargo, aunque este proceso de transformación familiar es un hecho evidente y constatado por todos los estudiosos del tema, el proceso de adaptación de las instituciones sociales no siempre va en paralelo (González y Morgado, 2000).

Así, una mirada a la administración de Justicia podemos encontrar cómo todavía parece primar en ella el mito de que es la mujer la que únicamente dispone de capacidades innatas para criar y educar a sus hijos e hijas, otorgando en su mayoría la custodia a mujeres incluso en aquellos casos en los que el padre juega un papel activo en el proceso de crianza de sus hijos e hijas antes y después de la separación o el divorcio.

Si atendemos a los datos aportados por el Consejo General del Poder Judicial, referentes a las separaciones o divorcios en la década de los noventa, se da un paso de 59.463 expedientes de separación o divorcio en 1990, a 92.909 expedientes en 1998, lo que nos lleva a un incremento medio anual del 5,81%. (González, 1999).