Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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VIOLENCIA DE PAREJA: PERFIL PSICOLÓGICO DEL AGRESOR Y PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN

http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1955&cat=39

// fecha de publicación 03/07/2009

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Hace ahora casi cuatro años que fue aprobada la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, un texto creado con el propósito de combatir y erradicar la violencia que sufren las mujeres en el ámbito de la pareja.

De manera más concreta, esta Ley tiene por objeto "actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia". La violencia a la que hace referencia esta Ley comprende "todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad".

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La SARA ha sido recientemente adaptada en España por el Grupo de Estudios Avanzados en Violencia (Andrés Pueyo y Redondo, 2007; Andrés Pueyo, López y Álvarez, 2008).

En un intento por evaluar el riesgo de violencia de pareja en nuestro contexto, nuestro grupo (Echeburúa, Fernández-Montalvo y Corral, 2008b) ha creado la Escala de Predicción de Riesgo de Violencia Grave contra la Pareja (EVP), que se diferencia de la SARA en que se centra en la predicción del riesgo de homicidio o de violencia grave (no meramente de violencia), en que no se limita al riesgo de agresión a la esposa (sino a la pareja), en que establece unos puntos de corte que permiten cuantificar el riesgo y en que intenta ser un reflejo de la situación cultural existente en Europa (en donde, por ejemplo, el uso de armas o el contexto de la familia son diferentes que en Norteamérica).

Desde una perspectiva terapéutica, se ha observado también un interés creciente por el tratamiento psicológico de los agresores, tanto en el medio comunitario (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 1997) como en prisión (Echeburúa, Fernández-Montalvo y Amor, 2003; 2006). De este modo, han surgido algunos programas específicos de intervención con este tipo de agresores.

Los resultados obtenidos en alguno de ellos (especialmente con los hombres que completan totalmente el programa de intervención) son claramente esperanzadores. Un resumen de los principales resultados obtenidos hasta la fecha se presenta en la Tabla 1.