Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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VIOLENCIA DE PAREJA: PERFIL PSICOLÓGICO DEL AGRESOR Y PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN

http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1955&cat=39

// fecha de publicación 03/07/2009

© INFOCOP ONLINE 2007


Hace ahora casi cuatro años que fue aprobada la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, un texto creado con el propósito de combatir y erradicar la violencia que sufren las mujeres en el ámbito de la pareja.

De manera más concreta, esta Ley tiene por objeto "actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia". La violencia a la que hace referencia esta Ley comprende "todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad".

Publicado el

1 Universidad Pública de Navarra y 2 Universidad del País Vasco

La violencia contra la mujer en la relación de pareja es un problema en alza y adquiere actualmente unas cifras alarmantes. Así, por ejemplo, en cuanto a la violencia en el hogar, según el estudio realizado por el Instituto de la Mujer en el año 2006 con una muestra de más de 32.000 mujeres, en España hay, al menos, un 3,6% de mujeres mayores de 18 años que resultan maltratadas por su pareja (alrededor de 680.000).

Sin embargo, hay un 6% adicional (alrededor de 1.200.000) que, aun no considerándose maltratadas, sufren unas conductas vejatorias que son impropias en una relación de pareja sana. Por ello, detectar los factores de riesgo de la violencia contra la mujer en la relación de pareja, así como los factores de protección, constituye hoy una tarea prioritaria (Echeburúa, Fernández-Montalvo y Corral, 2008a).

Estas cifras alarmantes han provocado en la comunidad científica un aumento del interés por el estudio de los agresores. Ello ha generado un mayor conocimiento de las características clínicas de los hombres violentos contra la mujer.

Los agresores suelen presentar carencias psicológicas significativas, como sesgos cognitivos (pensamientos distorsionados sobre los roles sexuales y la inferioridad de la mujer y sobre la justificación de la violencia), dificultades de comunicación y de resolución de problemas, irritabilidad y una falta de control de los impulsos, así como otras dificultades específicas (abuso de alcohol y celos patológicos) (Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997, 2005; Fernández-Montalvo, Echeburúa y Amor, 2005).

Ha habido un esfuerzo considerable por identificar tipos de agresores, pero todavía se carece de datos empíricos sólidos en apoyo de una tipología. A falta de un perfil bien fundamentado, los maltratadores pueden ser:

a) personas machistas;

b) sujetos inestables emocionalmente y dependientes, que se vuelven peligrosos si la mujer corta la relación;

c) personas adictas al alcohol o las drogas, en donde la adicción actúa como un desinhibidor;

y d) hombres con un trastorno de personalidad que disfrutan pegando o que, al menos, no tienen inhibiciones para hacerlo.

Así, los trastornos de personalidad más frecuentemente encontrados han sido el antisocial, el límite y el narcisista.

Se han dado, incluso, intentos de establecer una tipología de agresores en función de los trastornos de personalidad y de sugerir líneas de intervención terapéutica específicas acordes con ella. Se trata, en último término, de proponer programas de intervención a la medida según el tipo de trastorno de personalidad experimentado (White y Gondolf, 2000).

Se han desarrollado en Estados Unidos y Canadá algunos instrumentos de evaluación para medir el riesgo de agresión a la pareja, como el Spousal Assault Risk Appraisal Guide (SARA) (Kropp, Hart, Webster y Eaves, 2000) o el Danger Assessment (DA) (Campbell, 1995), e incluso para predecir el riesgo de muerte de la pareja, como la Escala de Femicidio (Kerry, 1998).