Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

¿Por qué las feministas no quieren hablar de dinero?

Lidia Falcón 31-03-2007

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=49081

La aprobación de la Ley de Igualdad ha puesto de manifiesto, una vez más, que España es el país donde más leyes se aprueban que no tienen posibilidades de ser implantadas.

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Son de escándalo los horarios escolares y las vacaciones continuas de que disfrutan los niños y los profesores, indignados éstos cuando se les pide que alarguen el horario escolar -por otro lado indignación entendible si analizamos la explotación que padecen, la falta de respeto que sufren, la poca remuneración que perciben y la degradación permanente y constante en que ha caído el sistema de educación gracias a la dejadez y desprecio con que lo han tratado los sucesivos gobiernos que hemos sufrido desde la implantación de la democracia-.

En consecuencia, desde las cinco de la tarde, y a veces desde las cuatro, los niños se plantan en casa y allí que los atiendan los padres, que quiere decir las madres. Y veinte días en Navidad, y diez en Semana Santa, y tres meses en verano, y santas muy buenas...las madres y las abuelas que deben cargar con ellos. Porque a nadie se le ocurre que el banquero y el empleado y el albañil abandonen la oficina y la obra para cuidar niños en vacaciones.

En definitiva, se deja a la iniciativa empresarial y a la organización familiar la responsabilidad de resolver el hasta ahora insoluble problema de la incorporación plena de las mujeres a la vida laboral asalariada, manteniendo la familia y todas las funciones que ésta desempeña, imprescindibles para la supervivencia de la especie, y en definitiva de la sociedad capitalista tal como la aceptamos.

Todas estas medidas significan fundamentalmente la derrota de las propuestas socialistas que desde el siglo XIX tanto los movimientos revolucionarios como el feminismo había defendido, que reclamaban la socialización del trabajo doméstico. Porque mientras se les dice a los padres que atiendan niños y hogar y a los empresarios que se apañen introduciendo mujeres en los consejos de administración y dando permisos aquí y allí -en un país cuya productividad es la más baja de la Unión Europea- NADA SE DICE de crear jardines de infancia de 0 a 3 años, PÚBLICOS, es decir de poco coste, dejando estos servicios en manos de la iniciativa privada cuyo precio es inasequible para la mayoría de familias. NADA SE HACE en la constitución de residencias para mayores, PÚBLICAS, dejando todo este servicio en manos privadas que montan unos tugurios dignos del tercer mundo, donde atan los viejos a las camas.

NO SE INVIERTE DINERO en el entramado de servicios públicos que han de resolver los problemas de la atención familiar: trabajadoras sociales, centros de día, atención y organización para los enfermos mentales y discapacitados, y para qué hablar de la posibilidad de instalar lavanderías, comedores y servicios de limpieza a domicilio.

Es decir, todo aquello que cuesta dinero al Estado, cuyos presupuestos están distribuidos en otras cosas mucho más importantes: fabricación y compra de armas, construcción de inmensos aviones, apoyo a multinacionales de la electricidad, del petróleo y del gas, subvenciones a empresas extranjeras que luego se marchan a Filipinas y a Polonia dejándonos miles de trabajadores en el paro y en la jubilación, instalación de trenes de alta velocidad mientras se muere la red de cercanías, autopistas de pago mientras las carreteras son de hace un siglo, etc. etc.

Lo mismo sucede con la Ley de Dependencia, por la que se destina fatalmente a la madre o a la esposa a cuidar a los discapacitados de su familia, sin que el Estado se responsabilice de la creación y mantenimiento de los establecimientos adecuados y de un sistema de ayuda domiciliaria que permitiera a la mujer buscar un trabajo asalariado.

Pero lo más sorprendente, no es que los gobiernos españoles actúen así, al fin y al cabo es lo que ha hecho el capitalismo siempre, lo asombroso e inaceptable es que las organizaciones de mujeres, no sé si se pueden llamar feministas, lo acepten, lo aprueben y lo defiendan.