Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Sociedad, políticas y divorcio

El de los padres separados es un problema que no por ignorado deja de afectar a muchísimas personas en toda España.

Esta es la carta de un padre desesperado que expresa su sentir y su impotencia de la única manera que puede, escribiendo a los escasos medios de comunicación que se atreven a dar cobertura mediática a este tipo de personas; medios de comunicación por lo menos, algo más independientes y neutrales que los grandes foros informativos nacionales y de masas, de TV, radio y de la prensa escrita que controlan la opinión en nuestro país.

Dice así:

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El problema lo tenemos los hombres que en un divorcio, nos negamos a asumir el papel de malos, pues no existe ningún otro papel para nosotros, y además nuestra actitud acaba generando desasosiego entre jueces políticos y periodistas, ya que negándonos a asumir el único papel conocido (malo, abandonador, maltratador, psicópata, alcohólico...) en la práctica cuestionamos el papel de los demás: si no hay culpable no hay víctima, no hay héroe defensor de víctimas. Muchos oportunistas se quedarían a solas con su mediocridad intelectual.

El hombre separado se encuentra así ante una situación sin salida: para que el puzzle encaje y nadie tenga que pensar ni cuestionar nada, debe desentenderse de sus hijos (afectivamente, el tema económico es otra cosa). Si no lo hace empieza a estorbar, y no va a tener el apoyo de nadie; puede incluso que se le acuse de paranoico conflictivo. Pero si finalmente se adapta y tira la toalla en la relación con los hijos, se le reprocha y se le acusa de abandonador. En cualquier caso es «malo» ¿Qué hacer?.

Pensiones, Impuestos: el divorciado millonario

La situación afectiva del divorciado, al ser separado de sus hijos, es ya bastante complicada, pero simultáneamente al derrumbamiento de su familia, debe hacer frente a problemas logísticos y económicos acuciantes.

Inmediatamente después del divorcio, la mayoría de los hombres nos enfrentamos a la carencia de vivienda, ya que el domicilio familiar acompaña a la custodia de los hijos, que en el 95% de los casos queda en manos de la mujer. Incluso en aquellas situaciones en que el hombre es co-titular de un préstamo hipotecario para financiar la vivienda, ¡se ve obligado a continuar pagando las cuotas del crédito! de una propiedad nominal que probablemente no volverá a disfrutar nunca.

Ningún juez se deja impresionar por esta situación (el divorciado es culpable de algo y debe ser castigado), y el hombre separado además, debe colaborar con su exmujer al 50% de los gastos que los hijos tienen con la madre.

Nadie parece tener en cuenta que un hombre separado que no abandone a sus hijos, tiene prácticamente los mismos gastos que la madre, pues si a pesar de todo consigue acceder a una vivienda, debe amueblarla y acondicionarla para los niños independientemente del tiempo que pasen en ella; y estos artículos no valen menos para el padre no-custodio, las tiendas cobran exactamente lo mismo.

Igual con el resto de los gastos: ajuar, ropa, zapatos; bienes que hay que comprar por duplicado, pues los hijos no vienen de casa de la madre con sus cosas, y aunque vinieran, necesitan un espacio propio con el padre para evitar la exclusión mental: los hijos no visitan al padre, van a su otra casa.