Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

La gran mentira de la ?violencia de género?:

Goebbels (Ministro de Instrucción Pública y Propaganda de Hitler) es el autor de una máxima que tiene muchísimos adeptos:

"una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad". La afirmación que, el feminismo ?políticamente correcto? ha conseguido imponer como verdad deja sentir todo su peso en las decisiones de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo, e incluso del ?cuarto poder?:

"la violencia doméstica es unidireccional, hombre = maltratador; mujer = víctima".

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VIOLENCIA EN PAREJAS HOMOSEXUALES

Para una persona homosexual “salir del armario” es reconocer públicamente su condición de homosexual. Pero lo segundo que al homosexual le cuesta reconocer es que sufre violencia por parte de su compañero o compañera.

La realidad es bastante tozuda: Las mujeres también pueden ser violentas. Es un tópico a la vez que un mito, que las mujeres no son violentas o que apenas pueden causas daño físico.

Esto lleva a negar cualquier posibilidad de que haya mujeres maltratadotas u hombres víctimas. Este prejuicio está muy extendido y afecta en gran medida a los profesionales cuyo trabajo es clave a la hora de detectar el maltrato doméstico: policías y empleados de los servicios sanitarios y judiciales.

Las definiciones de abuso excluyen generalmente a las relaciones lesbianas. A pesar de todo, es innegable que existe violencia entre lesbianas. Las relaciones de maltrato en relaciones íntimas entre lesbianas, son una realidad mucho más frecuente, y sus consecuencias mucho más terribles, de lo que suponemos; aunque las cifras son muy difíciles de estimar por la “invisibilización” de la problemática. Las lesbianas creen que hacer público que en sus relaciones también existe violencia, sólo incrementará la condena social.

Sin embargo entre lesbianas se dan múltiples formas de violencia: coerción y abuso económico; violencia psíquica; daños contra las propiedades personales; violencia física y violencia sexual. A las víctimas lesbianas no las creen.

Cuando una mujer heterosexual denuncia un abuso la creen, porque se espera que el hombre sea el agresor y la mujer la víctima. Pero cuando denuncian lesbianas se supone que no hay forma de saber quien dice la verdad. Existe el mito de que las relaciones entre personas del mismo sexo son más “igualitarias" y que por lo tanto las situaciones de violencia doméstica entre ellas podrían ser una especie de “combate” equilibrado entre contendientes “iguales”.

Las mismas lesbianas no quieren que se les hable de violencia en parejas del mismo sexo, por lo que es muy difícil la prevención. Los homosexuales idealizan las relaciones afectivas entre personas del mismo sexo como la panacea que supera las supuestas diferencias de poder propias de las relaciones entre personas de sexo distinto.

Los activistas homosexuales silencian la violencia en las parejas lesbianas. Cierto activismo gay-lésbico tiene responsabilidad, pues en su intento por amoldarse a determinados parámetros sociales que los haga “aceptables” dentro de la sociedad, muchas lesbianas han callado este tipo de situaciones.

En la lucha por la legalización de sus “derechos” (unión civil, adopción…) se resaltan supuestos valores positivos, en los que se basarían las relaciones gay-lésbicas y se invisibiliza la posibilidad de que se den vínculos de maltrato, porque sería “mala prensa”. Hay “silencio comunitario”.

Para muchas activistas lesbianas es mejor ofrecer a la opinión pública una imagen positiva de sus relaciones. ¿Qué pasaría si a alguien se le ocurriera decir que no hay nada que garantice que los chicos adoptados por parejas lesbianas no están libres de presenciar o vivir situaciones de maltrato?

La visión el fundamentalismo feminista excluye a la víctima lesbiana.

El movimiento feminista se ha ocupado en exclusiva y sobre todo del maltrato en parejas heterosexuales, y esto ha hecho que a las mujeres lesbianas les sea dificultoso reconocer en su propia vida situaciones de violencia doméstica. Para el feminismo políticamente correcto las mujeres no son violentas y cuando dos mujeres forman pareja, cabe esperar que no se hagan daño.

El patrón hombre-maltratador/mujer-víctima lleva a quienes sufren violencia doméstica -pero no responden a ese patrón-, a ocultar sus problemas. Negar esa realidad impide a las víctimas reconocerse a sí mismas como tales, un paso considerado siempre como imprescindible para intentar superarla…

Carlos Caldito Aunión.

Presidente de la Asociación de Padres y Madres Separados de Extremadura Custodia Compartida ¡Ya!