Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

PADRES SEPARADOS:cuando uno obstaculiza la relación del otro con el hijo

Experiencia y literatura local y extranjera

por Eduardo José Cárdenas y Marta Albarracín [1]

1. Enfoques sobre la separación y el divorcio
Ha transcurrido medio siglo desde que la separación y el divorcio de los esposos comenzaron a vivirse masivamente y a estudiarse. Tiempo suficiente para que los enfoques ideológicos, las expectativas y las conductas hayan variado, al menos parcialmente.

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Comencemos por aceptar, nos guste o no, que, sociológicamente, ha surgido un tipo de matrimonio que admite la posibilidad de ruptura. Antes, quien se separaba o divorciaba transgredía el orden del universo y ponía en peligro la base del entramado social. Consecuentemente, había que buscar al culpable de la traición y castigarlo. La sociedad estaba fuertemente interesada en esa sanción, para evitar que se repitiesen los actos que atentaban contra su célula básica: la familia nuclear.

Hoy en día, la sociedad en su conjunto advierte que casi la mitad de los matrimonios que la integran se separan, aunque tengan hijos. Los recursos para asegurar la paz social y para transmitir la vida y la cultura no deberían confiarse ya exclusivamente a las familias nucleares. La presión para que el matrimonio continúe hasta la muerte ha disminuido, y esto, unido a la crisis de la fe religiosa, permite considerar ahora la separación y el divorcio como una crisis que puede dar lugar a que la misma familia cobre una organización diferente.

No queremos con esto minimizar el fracaso que una separación conyugal significa. El recinto de crecimiento más saludable para adultos, niños y adolescentes sigue siendo el de la familia formada por una pareja conyugal y parental estable y feliz. Es más, la separación y el divorcio son siempre algo intensamente doloroso para los adultos y dramático para los hijos. Por eso la primera tarea de prevención en salud mental es la de ayudar a las personas a elegir su pareja y a hacerlas resistentes a las crisis que pueden destruirla.

Pero lo cierto es que un 40% de los matrimonios hoy en día se separan y que es imprescindible ayudarlos a hacerlo de la manera más constructiva posible, sobre todo si tienen hijos. Para ello se visualizó que la familia del divorcio implicaba una organización diferente de la nuclear. Comenzó por ser pensada (y todavía en parte se la considera) como una especie de familia nuclear de segunda categoría. Se la llamaba “familia incompleta”. La familia conservaba un núcleo, generalmente en el lugar donde vivía la madre con sus hijos. El padre no tenía un lugar “oficial”, pero iba de “visita” a ver a sus hijos, seguía proveyendo (al menos teóricamente) con los “alimentos” y “controlaba” la educación que la madre daba.

Esta organización es la que prescribe todavía hoy nuestro Código Civil para la familia de padres separados (merced a la reforma de 1985).

El resultado no fue positivo: los padres varones abandonaban el lugar periférico que les era asignado por la ley y la cultura; el 70% de los hijos (al menos en las estadísticas realizadas en los Estados Unidos de América) quedaba sin su padre varón y tenía por esto más dificultades que las comunes en su crecimiento; las madres resultaban sobrecargadas por la crianza solitaria y los niños abrumados por las responsabilidades emocionales (cuando no económicas) que se les asignaba, desproporcionadas para su edad.

Este cuadro poco alentador de la llamada “familia incompleta” exigía un cambio de paradigma y lo obtuvo cuando los padres separados y los expertos comenzaron a diseñar lo que hoy conocemos como “familia binuclear”. Una familia en donde los hijos tienen dos hogares: el de la madre y el del padre, donde cohabitan con cada uno de sus dos progenitores. Ambos se corresponsabilizan de la crianza y la educación de sus hijos mediante acuerdos y un razonable reparto de responsabilidades y de cargas. Esto es lo que inadecuadamente se llama “tenencia compartida” (en realidad se la debería llamar “patria potestad compartida”, ya que no tiene que ver con la partición al medio del tiempo de cohabitación del hijo con los padres, sino con la asunción conjunta de responsabilidad en su crianza y educación).

Los resultados del nuevo paradigma posibilitan que el padre varón ocupe una posición central y asuma sus cargas con entusiasmo, ya que los éxitos y fracasos del hijo le pertenecen a él tanto como a la madre; las madres pueden llevar una vida menos abrumada y dedicarse más a su crecimiento personal, lo que favorece el oportuno desarrollo de los hijos; los hijos pueden crecer con más protección y libertad merced a los acuerdos entre los padres, que los eximen de celebrar alianzas con uno de ellos.

A pesar de la mejora que esto significa, separaciones y divorcios siguen siendo dramáticos y los hijos de padres separados siguen teniendo más dificultades que los otros, según informan las estadísticas y la experiencia profesional.

Atribuimos estas dificultades extraordinarias a que el divorcio de los padres fue destructivo. Así lo sugieren estudios actuales, que encuentran que los síntomas de los hijos se deben más a la discordia parental posdivorcio que al divorcio en sí mismo. La desarmonía en la pareja de padres incide, por ejemplo, en un mayor índice de depresión en los hijos, por considerarse en ese caso poco valiosos como para que los padres resuelvan sus diferencias en su beneficio. La depresión en niños y adolescentes se manifiesta como rebeldía y fracaso académico, dos de los problemas más frecuentes en los hijos de parejas conflictivas. Esta conclusión señala una línea de trabajo ( ayudar a las parejas a divorciarse mejor), que aumentaría la probabilidad de los hijos de desarrollarse sin más obstáculos que los normales. En resumen:

§ La primera tarea preventiva es ayudar a las personas a construir matrimonios estables y felices, la segunda es ayudarlas a no rendirse frente a las dificultades que inevitablemente enfrentarán y a que las superen sin separarse, y la última es ayudarlas a separarse adecuadamente, cuando esto es inevitable.

§ Dentro de esta última tarea se inscribe la de dar una organización binuclear a la familia. Y aunque la nueva cultura del divorcio (familia de padres separados = familia binuclear) ya se encuentra en plena expansión, todavía quedan problemas que afligen a los padres, a los hijos y a los expertos.

§ Uno de ellos, entre los más graves, es la actitud de uno de los progenitores, cuando obstaculiza o impide el acceso del otro a sus hijos. Sobre este tema se centra este trabajo.