Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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Un experto acusa a los Juzgados de Familia de

Julio Bronchal asegura que los gabinetes psicosociales emiten "dictámenes prejuiciados" que dejan en la máxima indefensión a miles de padres en España

Julio Bronchal es psicólogo especializado en familia. Durante los últimos años, ha investigado y publicado artículos sobre el maltrato infantil y los perfiles de parentalidad competente.

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¿Está diciendo que los procedimientos de familia están llenos de 'trampas' y de situaciones impropias de un estado de derecho?

En ausencia de rigor metodológico y en un contexto de falta de garantías, los informes periciales pueden acabar siendo utilizados como la coartada ideológica para argumentar pseudocientíficamente la limitación de los derechos filiales y parentales y, por lo tanto, la conculcación de derechos básicos: el primero, el derecho de todo menor a contar efectivamente con ambos padres para ayudarle en su crecimiento y, segundo, el derecho de cualquier padre o madre a ejercer efectivamente, y no nominalmente, su derecho de paternidad o maternidad sobre sus hijos.

Mire usted, no es de recibo que en informes periciales adscritos a los juzgados hayamos encontrado que el mismo argumento, la misma circunstancia sirva, por un lado, para no otorgar la custodia al padre y, por otro, cuando está presente esta circunstancia en la madre, dársela a ella. Cuando el padre no ha trabajado se le ha dicho que estaba en situación de "inestabilidad financiera". Sin embargo, cuando es la madre quien no trabaja esta circunstancia se adjetiva de "disponibilidad horaria"; cuando el menor está muy vinculado al progenitor se habla de "alienación parental", cuando se ignoran casos escandalosos cuando la manipuladora es la madre, o se propone entonces la custodia materna para que el menor "equilibre sus vínculos".

Cuando el menor aparece más ligado a la madre "no se le va a separar de su principal figura de referencia parental". Más aún: si la madre se ha dedicado enteramente a la crianza de sus hijos, se la califica de madre abnegada; si ha sido el padre se le llega a decir que "está obsesionado". Todo esto es escandaloso y de no leerse, negro sobre blanco, en estos informes resultaría increíble.

Es cuando se comparan unos informes con otros cuando surge una desalentadora sensación de perplejidad e indignación.

Otro ejemplo es que no se puede resucitar un prejuicio inconstitucional como es el de otorgar la custodia a las madres aduciendo la corta edad del menor, en niños de 2 ó 5 años, cuando la psicología evolutiva desterró este prejuicio e incluso fue eliminado de nuestro ordenamiento jurídico pese a que sigue siendo un argumento estrella de los informes psicosociales. Es aquí donde se puede decir que practican una "paleo-psicología sectaria".

Tras analizar cientos de informes periciales, me resulta muy difícil no concluir que los dados están cargados, que estamos delante de una máquina que hace trampas, orientada a justificar y argumentar 'ad hoc'siempre a favor de la custodia materna.

El problema no es tanto que se quiera beneficiar indiscriminadamente a las madres, sino que este sesgo acabe dañando seriamente a los hijos. El caso reciente de la niña Alba de Barcelona, que como se recordará fue víctima de malos tratos por parte de la madre y de su entorno, maltrato que la llevó a entrar en coma, sólo pudo suceder como consecuencia del autismo sectario con el que fue evaluado todo el proceso familiar, siguiendo el sesgo de sostener contra cualquier evidencia la custodia materna.

¿Pero la sentencia no la dictan los jueces?, me cuesta creer que los jueces no se den cuenta de ello.

Los jueces tienen una fe cómoda en los dictámenes psicosociales, sobre todo cuando siguen la inercia presente en sus resoluciones. Así se produce una simbiosis perversa entre la decisión judicial y el dictamen pericial. Es un proceso de retroalimentación mútua, ajeno no sólo a los conocimientos de la psicología científica sino a la evolución de los roles sociales y parentales vigentes en la actualidad.

Ahora que dice esto, recientemente un psicólogo del gabinete psicocial de Valencia, Manuel Garcia Fort, aseguraba a este periódico que las custodias se otorgaban mayormente a las madres porque son ellas quienes asumen las tareas domésticas.

La respuesta que hay que dar no es quién se ocupó más antes de una separación, sino quién ofrece la mejor alternativa a los menores para su futuro. Tras una separación puede haber y, de hecho la hay, una nueva distribución de los roles, así que lo que hay que hacer es atender al nuevo marco resultante de esta situación y proyectarse hacia el futuro. Aún así, no dejan de extrañarme las declaraciones de mi colega, García Fort, porque conozco casos en los que el cuidador anterior era el padre y se buscaron argumentos para alterar la situación anterior y otorgar la custodia a la madre.

Aquí hay un error de principio: la pregunta que deberían responder ante una situación de crisis familiar sería cuál es el mejor marco relacional de los menores tras la separación y no cuál es el mejor custodio, porque salvo excepciones muy contadas, el mejor custodio son los dos padres. Por lo tanto, deberían promover y, no sólo de palabra, la custodia compartida. La situación excepcional debería ser la de la custodia exclusiva.