Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

CARTA ABIERTA A LAS MADRES SEPARADAS

- MARISA CUADRADO

06-03-2006

No soy periodista, tampoco soy psicóloga, ni juez, pero soy madre y sé, que educar a un hijo, no es tarea fácil.

Publicado el

Siempre he creído, que la educación y el cuidado de los niños, corresponde tanto al padre como a la madre. He sido contraria al rol que siempre se nos ha adjudicado de madre, ama de casa y padre trabajador, sustento de la economía familiar.

Parece que este concepto ha evolucionado bastante y cada vez son mas los padres que se hacen cargo de sus hijos y mas las mujeres que trabajan fuera de casa.

Pero ¿Qué pasa cuando hay una separación? ¿Por qué en la realidad, en caso de no llegar a un acuerdo, se sigue dando la custodia a la madre?

Si estoy escribiendo esto, no es para llenar un artículo, ni por dar una teoría, sino para dar resultados de mi propia experiencia.

Tengo la CUSTODIA COMPARTIDA de mi hija. He de admitir, que en un principio, yo también caí en la trampa, de creerme la única capaz de cuidar a mi hija y de creer que con ver a su padre los fines de semana sería bastante.

Me costo acostumbrarme, pero sé que en ese momento, pensaba mas en mí, que en lo que era mas beneficioso para ella.

Hoy, después de seis años, mi mejor argumento para recomendar como solución más justa la CUSTODIA COMPARTIDA, es mi hija.

Sigue viendo a su padre y a su madre de forma continuada. Mantiene relación tanto con la familia materna, como paterna. Aprovechamos al 100% el tiempo que pasamos con ella, porque es más difícil “agobiarse de las obligaciones” cuando las compartes. Nunca ha tenido que ir a un psicólogo.

No hace falta que le explique que hombres y mujeres, somos iguales, lo ve día a día; ambos somos capaces de llevarla al colegio, ayudarle en sus deberes, su ropa. . . . y de trabajar fuera de casa.

Tampoco hemos puesto precio a su educación, ya que económicamente, nos hacemos cargo por igual.

El haber sabido llevar esta situación, como personas adultas y desde la igualdad, ha permitido, que en seis años, no haya habido ninguna demanda entre nosotros, que no hayamos utilizado a nuestra hija como moneda de cambio y sobre todo, que no haya oído nunca de nosotros, un comentario negativo, de su padre o de su madre.

Ver crecer a mi hija feliz, es mi mejor premio. Disfruto del tiempo que paso con ella y sé, que si algún día me pasara algo, no se sentiría una extraña, viviendo con su padre.

Marisa Cuadrado