Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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REFLEXIONES SOBRE EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL

ASUNCIÓN TEJEDOR HUERTA

Psicóloga

Coordinadora de Psicología Jurídica del COPPA

El motivo de esta ponencia ha surgido por el alarmante aumento de "padres y madres alienados" que solicitan ayuda para resolver su problema porque no encuentran ninguna salida y se sienten doblemente alienados, por el progenitor alienante y por la justicia.

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Durante la celebración el 18 y 19 de octubre de 2002 de la Conferencia de Frankfurt sobre el SAP había un acuerdo general de que el SAP es un problema cada vez más extendido en todos los países.

A principios de los años 80 había más madres alienadoras que padres, había algunos padres pero no tenían tanto éxito. Esto podía deberse al hecho de que los niños estaban generalmente más unidos a las madres como cuidadoras principales, por eso se solía aconsejar dar la custodia a la madre, incluso aunque ella hubiera podido ser agente del SAP. Poco a poco esa proporción ha ido variando y ahora se considera que está en un 50%.

Cuanto más tiempo pasa un progenitor programador con sus hijos más tiempo tiene de programarles, si esa es su intención. En los primeros momentos del SAP los problemas se inician en las entregas/recogidas de los niños por el progenitor no custodio. Según Gardner, el progenitor que está "programando" al niño provoca la destrucción del vínculo entre el otro progenitor y el hijo, destrucción que, desafortunadamente, puede durar toda la vida (Gardner, R.A., 1999).

Los tres niveles del PAS (Gardner, R.A., 2002b)

Estadio I (ligero): Las visitas suelen tener alguna dificultad en el momento del cambio de progenitor.

Estadio II (medio): El progenitor alienador utiliza una gran variedad de tácticas para excluir al otro progenitor.

Estadio III (grave): Los hijos están en general perturbados y a menudo son fanáticos. Sus gritos, su estado de pánico y sus explosiones de violencia pueden ser tales que visitar al otro progenitor llega a ser imposible.

Además de estos 3 niveles basados en los síntomas que aparecen en los niños, Gardner ha clasificado el SAP también en 3 niveles basados en el grado en que los padres alienantes han adoctrinado a sus hijos y que antes no había sido cuantificado. Gardner piensa que el diagnóstico del SAP debe basarse primero en el nivel de los síntomas de los padres alienantes y después en el de los niños.

Síntomas

Hay que diferenciar cuando la animosidad del menor pueda deberse a un caso de abuso o negligencia parental real, en cuyo caso no podríamos decir que se trata de un caso de SAP.

Criterios de identificación de un niño alienado (Gardner, R.A., 2002b) según J. Mayor (2000):

Dependiendo de la severidad del SAP, un niño puede exhibir todos o unos cuantos de los siguientes comportamientos:

Campaña de denigración contra el progenitor objeto, en la que el niño contribuye activamente.

Las razones alegadas para justificar el desacreditar al progenitor objeto son a menudo débiles, frívolas o absurdas.

La animadversión hacia el progenitor rechazado carece de la ambivalencia normal en las relaciones humanas.

El niño afirma que la decisión de rechazar al progenitor objeto es exclusivamente propia.

El niño apoya reflexivamente al progenitor con cuya causa está alineado.

Ausencia de culpabilidad.

Se evidencian escenarios prestados.

Generalización a la familia extendida.

Comportamientos clásicos de un progenitor alienador (Povedyn, F., 2001).

Se observan a menudo los mismos comportamientos en el progenitor alienador, quien sabotea la relación entre los hijos y el otro progenitor:

Rehusar pasar las llamadas telefónicas a los hijos.

Organizar varias actividades con los hijos durante el período que el otro progenitor debe normalmente ejercer su derecho de visita.

Presentar al nuevo cónyuge a los hijos como su nueva madre o su nuevo padre.

Interceptar el correo y los paquetes mandados a los hijos.

Desvalorizar e insultar al otro progenitor delante los hijos.

Rehusar informar al otro progenitor a propósito de las actividades en las cuales están implicados los hijos.

Hablar de manera descortés del nuevo cónyuge del otro progenitor.

Impedir al otro progenitor el ejercer su derecho de visita.

"Olvidarse" de avisar al otro progenitor de citas importantes.

Implicar a su entorno en el lavado de cerebro de los hijos.

Tomar decisiones importantes a propósito de los hijos sin consultar al otro progenitor.

Cambiar (o intentar de cambiar) sus apellidos o sus nombres.

Impedir al otro progenitor el acceso a los expedientes escolares y médicos de los hijos.

Irse de vacaciones sin los hijos y dejarlos con otra persona, aunque el otro progenitor esté disponible y voluntario para ocuparse de ellos.

Contar a los hijos que la ropa o regalos que el otro progenitor les ha comprado, son feos, y prohibirles usarlo.

Amenazar con castigo a los hijos si se atreven a llamarle, escribirle o contactar con el otro progenitor.

Reprochar al otro progenitor el mal comportamiento de los hijos.