Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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Una juez concede la custodia de dos menores al padre

(que tenía una orden de alejamiento)
EDITORIAL PRENSA ASTURIANA Director:
Isidoro Nicieza
ASTURIAS

La sentencia afirma que los niños sufren del síndrome de alienación parental, una supuesta dolencia mental propiciada por la madre, vecina de Lugones

Lugones (Siero),
Albina FERNÁNDEZ

Publicado el

La magistrada juez de primera instancia de Oviedo Piedad Liébana Rodríguez emitió una sentencia el pasado 13 de junio por la que retira la guardia y custodia de dos menores de 9 y 8 años de edad a la madre, Pilar González Antuña, vecina de Lugones (Siero), y se la concede al padre pese a que sobre éste pesaban dos medidas para proteger a los niños: una orden de alejamiento de 300 metros de los menores y de la madre, en este caso por malos tratos, dictada por la magistrada de Oviedo María Luisa Llaneza en octubre de 2004, y la suspensión por parte del Juzgado de familia del régimen de visitas acordado en el proceso de separación, en octubre de 1997.

La orden de alejamiento fue ratificada por la misma magistrada tras rechazar un recurso de reforma presentado por el padre, y confirmada posteriormente por la Audiencia.

La magistrada Piedad Liébana basa su decisión en un informe pericial psicosocial emitido por la trabajadora social y la psicóloga de los juzgados de Oviedo en el que se afirma que los menores (sobre todo el mayor) sufren del síndrome de alienación parental, es decir, una actitud crítica e injustificada hacia el padre por haber sido indispuestos contra él por la madre.

El citado informe psicosocial contradice los emitidos por la psicóloga clínica Purificación Rípodas y la psicóloga María Teresa Viejo Granda, ambas del servicio de Salud Mental Infantil del Principado, en los que se precisa que el contacto con el padre «provoca miedo en los menores» y el temor a futuras agresiones por el mal recuerdo que mantienen de su relación con él y que, de continuar forzando la relación, «el rechazo crezca hasta dañar más su salud y conseguir una desconfianza básica en la capacidad protectora de los adultos».

El síndrome de alienación parental es un término utilizado por Richard Gardner, un psicólogo americano ya fallecido y de opiniones polémicas. Una de sus premisas es que antes de diagnosticar esta supuesta dolencia mental hay que comprobar que el progenitor presuntamente alienado no merezca de ninguna manera ser rechazado y odiado por su «comportamiento despreciable».

Este síndrome no tiene muchos seguidores en el campo de la psicología, ya que no está reconocido por la Organización Mundial de la Salud, ni la Asociación Americana de Psiquiatría lo admite en su catálogo de trastornos mentales.

Pero en este caso, y en otros del mismo Juzgado de primera instancia de Oviedo, su diagnóstico fue fundamental para la magistrada Piedad Liébana. De hecho, los niños vivieron en todo momento bajo la tutela de la madre, hasta el 14 de junio pasado. Ese día, agentes de la Policía judicial recogieron a los niños del colegio ovetense en el que cursaban sus estudios y «por orden judicial» se los llevaron para entregarlos a su padre.

El colegio no recibió ninguna justificación de su posterior absentismo escolar y el padre en ningún momento se interesó por el resultado escolar de los menores, ni recogió sus notas de fin de curso.

La sentencia de la magistrada Piedad Liébana se hizo así efectiva de inmediato, sin conocimiento de la madre ni de su representación legal, y sin que fuera firme puesto que pocos días más tarde, el pasado 17 de junio, fue recurrida por la madre.

En el recurso de apelación el letrado de Pilar González Antuña advierte de la existencia de una orden de protección en vigor y recuerda que cuando dos resoluciones se contradicen prevalecerá siempre la dictada en el orden penal (la de alejamiento en su caso) ante las de cualquier otro órgano jurisdiccional, en este caso una civil.

El letrado pedía que se cumpliera la orden de alejamiento y se entregaran los menores a su madre. Este recurso aún no ha sido contestado, casi seis meses después.

Pilar González Antuña, vecina de Lugones (Siero) y ATS de profesión en el centro de salud de La Felguera (Langreo), no vio a sus hijos desde la mañana del 14 de junio, cuando los envió al colegio, hasta el pasado día 17 de octubre, cuando los vio por primera vez en un punto de encuentro y con vigilancia.

La madre fue obligada a someterse a una cura con el psicólogo de los juzgados de Gijón, que le dio el alta el 25 de agosto después de seis sesiones terapéuticas. A partir de ahora podrá verlos sólo durante dos horas un día a la semana, pese a que los niños reclaman constantemente su presencia, según consta en los informes oficiales.

La sentencia deja también sin efecto la pensión alimenticia que correspondía al padre, y que nunca pagó alegando falta de recursos, y fija una pensión de 300 euros mensuales a cargo de la madre, que sí está pasando a su ex marido.