Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Uno más

Sólo soy uno más, me ha pasado lo que a muchos; humillado, arruinado emocional y económicamente, negado, descalificado como persona y relegado como padre. Nada original (es una epidemia cada vez más extendida) pero temo por mis hijos.

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Es éste un simple testimonio, un mero desahogo, desesperado y desesperanzado, un sentimiento que conocen bien muchos hombres, buenas personas y amantes de sus hijos, luego relegados, tratados por la "justicia" (sí, en minúsculas y con comillas) como culpables, como desechos, como seres sin sentimientos ni necesidades, hombres con comportamientos altruístas que no es que no sean entendidos sino que son vueltos en su contra.

Sufro una traumática separación, el dolor insoportable de la separación de mis hijos, un golpe irreversible en la confianza en mi mismo, en la vida y en la especie humana. No voy a entrar detalles sobre ese proceso pero no es difícil imaginar que no puede ser más grosero y que hoy no encuentro un lugar donde estar a salvo de tanta fealdad. Sólo constatar la miserable condición humana y la estupidez de un sistema judicial ajeno a los demoledores efectos que produce en nuestras vidas y en las generaciones futuras.

No me gusta el hembrismo ni por supuesto lo contrario. Sin embargo vemos como normal conductas y situaciones de la vida cotidiana (en la publicidad, en la opinión dominante) que si se invierten cambiando el sexo de los protagonistas son profundamente aberrantes e inaceptables. Los referentes morales están cambiando mucho; personas, amor y sexo sólo son mercancías (comprar, usar, tirar) y ser miserable parece la condición necesaria para la supervivencia. Contemplo con horror cómo inteligencia, generosidad, nobleza, veracidad, bondad,... no son virtudes que abunden entre nosotros, ni en las distancias cortas ni en lo social.

La impudicia moral triunfa, la estupidez nos invade y es contagiosa: si te toca y no tienes poder para anularla o neutralizarla, te obliga a conductas estúpidas ya que no hay forma eficaz y productiva de responder puesto que hagas lo que hagas te equivocarás. Así que, en este contexto, ¿para qué fundar una familia? Traer hijos al mundo se convierte en una irresponsabilidad. Da igual que seas una persona decente, un buen padre o simplemente un padre normal; que tengas un alto concepto de la familia y sus valores; llegado el doloroso trance la opinión dominante hará que la aplicación de leyes que teóricamente nos protegen a todos de la injusticia no sean aplicables a los hombres que lo merecen y queden con la horrible sensación de que sólo tienen a su favor una ley: la ley de la gravedad.

La aplicación de la ley es un perfecto sistema para el mal que alienta la guerra entre sexos y que daña a las familias (hombres, mujeres y niños). Auguro un triste destino a nuestra civilización, todos perderemos y las generaciones futuras tienen el daño servido, un futuro donde sólo los perversos (hombres y mujeres) sobrevivirán.

Miguel Martínez