Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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DE LO PERSONAL A LO POLÍTICO

por ERIN PIZZEY

Uno de los debates más interesantes del nuevo siglo podría consistir en dilucidar la cuestión de cómo y por qué se fundó el movimiento feminista en el mundo occidental. ¿Surgió, como explican numerosas periodistas, en respuesta a las necesidades de las mujeres oprimidas del mundo? ¿O fue una creación de las mujeres de izquierdas, cansadas de verse relegadas a funciones serviles en las cocinas de sus revolucionarios amantes?

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Nací en China en 1939. Mi padre trabajaba en el Servicio Consular. Tanto él como mi madre eran amigos de Chaing Kai Check, exiliado en Taiwán por los comunistas. Mis padres y mi hermano, que volvieron a China en 1942, fueron capturados por los comunistas y pasaron varios años en prisión.

Mi hermana gemela y yo los creíamos muertos. El odio y la aversión de mi padre por cualquier régimen totalitario había dejado huella en mí, y me sentí molesta por lo que consideré un intento de manipulación para añadir mis tres libras y diez chelines a la cuenta del partido comunista local.

A pesar de todo, yo creía fervientemente que las mujeres de este país necesitaban lugares para reunirse y organizarse a nivel local. Era consciente de la existencia de un enorme grupo de mujeres aisladas, muchas de las cuales poseían valiosas cualidades naturales y experiencias laborales que podríamos aprovechar para trabajar en nuestras comunidades. Así que desafié la hostilidad que suscitaban mis altos tacones y mi maquillaje en la oficina de liberación de la mujer y me hice cargo de la mecanografía.

No duré mucho. Lo que vi eran grupos de mujeres blancas de clase media con tendencias de izquierda que se reunían para odiar a los hombres. Su eslogan era 'convierte lo personal en político'. Las más vociferantes y violentas dirigían su propia frustración personal y su cólera contra su padre y hacían extensiva su rabia a todos los hombres. Muchas de esas mujeres eran hijas de papá que vivían a costa de la fortuna paterna. La violencia que el movimiento adquirió desde el primer momento se debió al hecho de que, en Inglaterra, fue fundado por mujeres estadounidenses que huían del FBI.

No era la primera vez que los Estados Unidos exportaban a sus disidentes. Años atrás, Trotsky había sido deportado junto con otros revolucionarios. Algunos de ellos se dirigieron a Alemania para incorporarse al grupo Baader Meinhoff. Otros se adhirieron a los Red Stockings de Holanda, y algunos optaron por venir a Inglaterra, que parecía destinada a convertirse en semillero revolucionario para terroristas de todo el mundo, una especie de Beirut junto al Támesis.

En un coloquio de la BBC pude comprobar cómo se utilizaba el dinero de los contribuyentes para reunir, en uno de sus programas televisivos, a todos los revolucionarios célebres del mundo. Vi a 'Danny el Rojo' exigiendo a un sudoroso productor mayores gastos y un hotel más confortable. Kenneth Tynan no dejó de escupir por encima de mí mientras declaraba que deberíamos apoderarnos de la BBC y lanzar nosotros mismos la revolución.

También me vi obligada a asistir a una aburrida conferencia en que Bernadette Devlin nos soltó su arenga y varios panteras negras lanzaron sus consignas. Una hilera de supuestos revolucionarios de la BBC respondieron levantando sus pálidos puños.

En 1970, mujeres terroristas de grupos de todo el mundo afluyeron a Londres para participar en la primera marcha de liberación de la mujer, pero para entonces mi conciencia política era ya mucho mayor.