Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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CUSTODIA COMPARTIDA: foto seriamente velada

EL PAÍS, miércoles 25 de mayo de 2005

Lluís Boada

El padre resulta tan necesario como la madre para el desarrollo del niño.

Un Gobierno paritario no debería olvidar el principio de igualdad al regular la guarda de los hijos tras el divorcio, sostiene el autor.

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Los resultados de dichas investigaciones dejan en muy mal lugar las opiniones con que presionan a nuestros gobernantes y legisladores algunos colectivos contrarios a la custodia compartida.

Entre estas opiniones sobresale por su insistencia aquélla que sostiene que es muy negativo para los hijos alternar por periodos regulares dos hogares. Mientras avanzan tales argumentos, poco les importa que a estos mismos hijos se les restrinja el contacto con el padre a poco más que cuatro días al mes.

Quienes así sienten y piensan parecen dar más importancia como referente para los hijos a un armario que a un padre.

Es una verdadera pena, en cualquier caso, que ni estos colectivos, que suelen situarse a sí mismos en la izquierda del espectro político, ni los miembros del Gobierno español hayan querido o hayan sabido mirarse en el espejo de Segolène Royal.

La ministra socialista francesa estableció, en el marco de una ley sobre los nuevos derechos de la familia y no, como aquí, en el de una ley del divorcio, diferencia que puede resultar decisiva, el derecho a la “coparentalidad” —que es como en Francia llaman, con mayor acierto, a la guarda y custodia compartida— y a la residencia alternada de los hijos con cada uno de sus padres cuando éstos dejan de vivir juntos.

Personalmente tuve ocasión de ver a SégolèneRoyal en Río de Janeiro en 1992. En aquel tiempo era ministra de Medio Ambiente y quiso dejar el sello de su distinguida elegancia y profundidad política en la Cumbre de la Tierra.

Diez años más tarde dio prueba una vez más de su inteligencia y de su espíritu de justicia al establecer la custodia compartida y la residencia alternada, basándose en su sensibilidad y en fundados estudios, los cuales han sido recogidos por Claude Bailly en La residencia alternada y el desarrollo de los niños.

Las conclusiones de los estudios que constituyeron las bases para la toma de decisiones del Gobierno francés se pueden resumir del siguiente modo:

Se sabe sin ambigüedades que, desde el nacimiento, el padre es tan necesario como la madre para el desarrollo afectivo y psicológico del niño.

La residencia alternada favorece el equilibrio psicológico, relacional y educativo del niño.

La residencia alternada funciona incluso sin acuerdo entre los padres.

Los hombres son tan competentes y eficaces como las mujeres para educar a los hijos, siendo que el lugar preponderante acordado a la madre durante los siglos XIX y XX carece de fundamento científico, pues parece ser puramente ideológico y cultural y estaría relacionado con el reparto social de roles entre hombres y mujeres.

Aquí probablemente se encuentra la paradójica clave del desatino que acaba de aprobar el Congreso de los Diputados.

Mantener la preponderancia de la custodia exclusiva, es decir, mantener en la práctica a las madres como custodias exclusivas de los hijos, ni favorece la transformación de aquel reparto de roles heredado de siglos anteriores, ni se halla, por tanto, en el camino de la pregonada igualdad entre los géneros.

La foto inaugural del Gobierno ha salido del Congreso seriamente velada. Cabe esperar que el Senado le devuelva nitidez eliminando de la ley toda sombra de excepcionalidad en el ejercicio de un derecho.

Se evitará de este modo la multiplicación de innumerables, dispersas, íntimas e inmerecidas tragedias.

Lluís Boada es economista.