Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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VEINTICUATRO AÑOS DE VIOLENCIA DE ESTADO, EN NOMBRE DE LA LEY DEL DIVORCIO

De cómo una ley que garantiza libertades es utilizada para crear violencia)

Cuando se va a modificar la actual Ley del Divorcio, con cambios que algunos quieren calificar de espectaculares, considero una necesidad hacer algunas reflexiones jurídicas sobra la ley que se quiere cambiar, y creo poder demostrar que no es tan mala como nos la quieren pintar. Mi opinión es que ha sido maliciosamente manipulada y utilizada, y es lo que ha provocado gravísimos daños, que han sido evitables, a muchas personas.

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PERO, ¿QUÉ ES ESO DEL MATRIMONIO?

Puede que alguno me considere tonto, pero a mi no me dieron libro de instrucciones, ni me dieron ninguna definición ni posibles metas o fines del matrimonio en el juzgado, y medios tampoco. No creo que la inmensa mayoría de personas casadas sepa qué es lo que se dice en los juzgados o ayuntamientos, por obligación legal, en el momento de contraer matrimonio.

Según el artículo 58 del Código Civil, el Juez, Alcalde o funcionario, antes de preguntar a cada uno de los contrayentes si consienten en contraer matrimonio con el otro y si efectivamente lo contraen en dicho acto, debe leer los siguientes artículos del Código Civil:

"Artículo 66: El marido y la mujer son iguales en derechos y deberes.
Artículo 67: El marido y la mujer deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia.
Artículo 68: Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente."

Con estas instrucciones del estado, desconozco si hay obligación de tener relaciones sexuales, o sobre la manera de tenerlas, o donde.

Tampoco indica si hay que dormir juntos, y, en ese caso, quien duerme a la derecha y quien a la izquierda, o si a media noche hay que cambiar de lado. Desconozco si hay que tener niños, si deben ser propios, adoptados o bebés probeta, y, por supuesto, desconozco el número de niños que hay que tener y la manera de educarlos, etc.

En cuanto a lo de vivir juntos, desconozco si en un banco de un paseo público, debajo de un templete de música, en una tienda de campaña, en un chalet, en un palacio o en un piso de dos habitaciones.

En cuanto a lo de trabajar, no se indica nada de nada, y de aportar dinero tampoco.

Tampoco indica el estado si hay que desayunar en casa o en un bar. De lo de lavar platos o planchar no indica nada, tampoco.

En cuanto a duración mínima o máxima del matrimonio, tampoco lo aclaran. Así pues, a mi, en el juzgado, no me dieron instrucciones concretas de lo que tenía o no tenía que hacer en el matrimonio, por lo que desconozco si hice alguna cosa mal o alguna bien. No tengo ni idea.

Lo que me extraña es que haya psicólogos, agentes sociales, concejalías, diputaciones, direcciones generales de la mujer, etc., asociaciones, abogados, jueces y fiscales, como expertos, hablando del matrimonio, cuando el que tiene que dar las normas, y es el estado, no las da.

Sinceramente, yo no me considero un experto en el matrimonio, ni sé de qué va eso, por una sencilla razón: a mi no me dio ningún manual o libro de instrucciones el que autorizó mi matrimonio: el estado español. Quizá sea de los pocos españoles que tenga un documento escrito, distinto de la partida de matrimonio, en que se habla de mi matrimonio, y en él no se me indica ningún derecho y ninguna obligación.

Si me permiten una pequeña observación, jurídicamente, considero que la única cosa en la cual obliga el estado español a estar de acuerdo a dos esposos, es en el hecho de contraer matrimonio con el otro contrayente.
Nada más.