Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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El abuso de los hijos del divorcio

Síndrome de alienación parental

El abuso de los hijos del divorcio

Las consecuencias de esta forma de abuso, se manifiestan a corto, medio y/o largo plazo.

María Jesús Ribas, EFE

Manipular es una forma de abuso
Después de la ruptura, maltrato
Amenaza para la psique infantil
Qué hacer ante la manipulación

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Cuando una pareja se separa de común acuerdo, los pequeños se sienten mejor al ver aliviada la tensión que producía el conflicto entre sus padres, pero cuando la disolución del vínculo es conflictiva puede dar lugar al síndrome de alienación parental, en el que un progenitor intenta poner a su hijo en contra del otro.

Manipular es una forma de abuso

“Pídeselo a tu padre que tiene más dinero que yo, por eso que te compre él las botas de fútbol”. “Si el juzgado no puede proteger a mis hijos de su padre, lo haré yo. Aunque no ha abusado de ellos, es cuestión de tiempo. Los chicos están peleados con él. Si no quieren verle, no les voy a obligar: son ya mayores...”.

Cuando una pareja se rompe, sin que una de las partes lo desee, cada uno de sus miembros puede llegar a sacar lo peor de sí mismo hasta el punto de manipular a los hijos en contra del otro, recurriendo a argumentos hirientes como las anteriores.

Es el Síndrome de Alienación Parental ó SAP, un problema más extendido de lo que podría parecer, ya que en Estados Unidos afecta al 80 por ciento de las parejas que se separan sin mutuo acuerdo y en España podría afectar a veinte mil niños cada año.

Hay casos de padres separados a los que sus hijos no quieren ni ver, les odian, y llegan a decir que han muerto para ellos. También hay pequeños que en la consulta del psicólogo dan razones sin fundamento para justificar su aversión a uno de sus progenitores. Detrás de estas situaciones suele subyacer el SAP.

“Manipular a los hijos en contra del otro padre es una grave disfunción familiar, que es más probable en los casos de divorcio conflictivo”, explica el psicólogo Julio Bronchal Cambra, investigador del maltrato infantil y los conflictos familiares, y asesor de la Asociación para el Bienestar Familiar del Menor, con sede en Barcelona, España.

Según este experto, “para un niño las secuelas del Síndrome de Alienación Parental, son peores que si sufriera la desaparición física de un padre, debido a un accidente ó enfermedad, porque en ese caso aún puede conservarlo en su mente o recuerdos como un modelo o referente, mientras que la destrucción maliciosa del vínculo con el otro padre, elimina ese modelo del todo y altera gravemente el desarrollo armónico de la personalidad infantil”.

"He tratado el caso de una niña de cinco años que decía que su madre le obligaba a comer y además se metía en su intimidad. Eso no son palabras de un niño, sino de un adulto", explica el psicólogo forense y escritor José Manuel Aguilar Cuenca.

Según este especialista “este síndrome consiste en un auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula al niño, para que odie al otro”.

Después de la ruptura, maltrato

Manipular es una forma de abuso

Amenaza para la psique infantil

Qué hacer ante la manipulación

“Los intentos de cualquier progenitor para impedir, obstaculizar o destruir los vínculos de los hijos con el otro padre, tienen graves consecuencias para los hijos. Es una forma grave de maltrato y de abuso infantil”, explica el psicólogo Julio Bronchal, autor del estudio “Atentados en contra del vínculo de los hijos con el padre no custodio: el síndrome de alienación parental”.

Un caso típico la instrumentalización de los menores suele seguir el siguiente esquema: el progenitor que ostenta la de la custodia de los hijos, normalmente la madre, abusa de su posición e influencia sobre los niños para torcer sus sentimientos hacia el otro padre, destruir, sabotear y dificultar las normales y necesarias relaciones de los menores con el otro progenitor.

Si estas manipulaciones tienen éxito, los menores pueden llegar incluso a rechazar, infundadamente y sin experiencias directas y objetivas que lo justifiquen, al otro progenitor.

El psiquiatra infantil Richard Gardner, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, pionero en la investigación del SAP lo define como "un trastorno que surge en el contexto de las disputas por la guarda y custodia de los niños”.

Su primera manifestación es una campaña de difamación contra uno de los padres por parte del niño, la cual no tiene justificación. Ello resulta de la combinación del adoctrinamiento de uno de los padres y de las propias contribuciones del niño dirigidas a la denigración del progenitor objetivo de ésta campaña.

Según Bronchal, “algunos comportamientos característicos del SAP son impedir que el otro progenitor ejerza el derecho de convivencia con sus hijos, desvalorizarle e insultarle en presencia de los niños y cuando está ausente, e implicar al entorno familiar propio, como un nuevo cónyuge o los abuelos, en el lavado de cerebro”.

También se suelen ridiculizar los sentimientos de afecto de los niños hacia el otro progenitor, premiar las conductas despectivas y de rechazo hacia el otro padre, o aterrorizar a los niños con mentiras con la figura del progenitor ausente insinuando o diciendo abiertamente que pretende dañarlos o, incluso, matarlos.

Algunos padres llegan a presentar falsas alegaciones de abuso físico y/o sexual en los tribunales para separar a los niños del otro progenitor, a intentar cambiar los apellidos de los hijos para que pierdan el del progenitor alienado, cambiar de domicilio para destruir la relación del padre ausente con sus hijos, o presentar al nuevo cónyuge a los hijos como el nuevo padre o madre.