Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Relato de una niña que quería vivir con su padre

Voy a hacer un relato de algo que me ocurrió, no hace mucho, que, por frecuente, puede ocurrirle a cualquiera que se encuentre separado o divorciado en este país con la nefasta ?Ley de Divorcio? con la que nos castigan y nadie (léase: ningún Partido Político) parece querer cambiar.

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En esta historia evitaré los nombres propios, por razones obvias.

Los antecedentes mínimos precisos son: padre de dos niñas que hasta la fecha de la separación ha asumido (con todo gusto, por cierto) el papel de padre y de madre con total identificación con las hijas, arrebatadas por la madre tras la marcha del domicilio conyugal del padre ante la espantosa convivencia (ni un fin de semana las tuvo consigo hasta las medidas previas) y después la custodia para la madre (las dos niñas tenían menos de 12 años y no las escucharon).

El padre vive por su trabajo en una ciudad a 50 Km. de la que residen las hijas (va y viene para verlas).

Un día, cuando conecta el móvil (único medio de comunicación de nómadas y divorciados no custodios) recibe la llamada de su hija mayor (por entonces 12 años y 2 meses) y mantienen esta conversación:
-“papá me voy a vivir contigo”
-bueno espera que hable con mi abogada y lo arreglamos
_bien pues a las 2,00 de la tarde te llamo para que vayas a buscarme al colegio ante esto, preocupado, pregunta:
-¿ha pasado algo con tu madre?
-estoy en casa todavía
-bien, quieres decir que está ella delante, ¿verdad?
-sí
-…y no puedes aguantar más, ¿cierto?
-sí
-…y que no puedes hablar, ¿es así?
-sí
-¿está ella de acuerdo con que te vengas a vivir conmigo?
-sí
_bueno pues llámame a las 2,00 y quedamos

A las 2,00 PM la niña llamó a su padre y dice que vaya a buscarla al colegio y que su madre ya le lleva la ropa al colegio.

El padre tarda 1 hora en llegar (es viernes y los 50 Km. en aquellas fechas eran como 100 en fin de semana).

Cuando llega el padre se encuentra ala niña en la puerta del colegio con una bolsa de lona rota con toda la ropa que necesita para cambiar de domicilio, es decir 2 bragas en pésimas condiciones y 2 camisetas de verano (las temperaturas oscilaban entre 10º y 20ºC a lo largo del día y la noche.

Tras 20 días, en los que la única comunicación que hubo entre niña y madre fue una llamada telefónica de la hija a la madre, al ir a dejar a la hermana pequeña al domicilio de la madre, ésta bajó a la calle y con una violencia verbal más propia de un sargento de la Legión que de una cariñosa progenitora ordenó a la niña mayor que subiera a la casa, a lo que la niña aterrada le dijo que como podía decirle eso si habían acordado que ella se iba a vivir con su padre ya que no se entendían entre las dos.

El padre, por supuesto, no permitió que la niña fuera llevada a la fuerza, lo que la madre contestó que le denunciaría (ya había puesto la denuncia ese mismo día).

La niña hubo de ser atendida en Urgencias por una crisis de angustia por el psiquiatra de guardia.

Como algo atípico se celebró una vista en la que no estuvo el fiscal, la juez interrogó a la niña y resolvió que como tenía una hermana, pues hala, las dos con la madre que es lo mejor (así no se separa a las niñas), pero el malestar de la niña mayor fue considerado “cosas de crios”, sin ahondar en las causas y analizar los hechos.

A los pocos días se citó al padre para que llevara a la niña a un punto de encuentro (donde había psicólogos y demás que de valorar que fuera muy traumático, no permitirían la entrega y lo notificarían al juzgado).

La que decía ser y llamarse “psicóloga”, tan solo se preocupó de intentar echar al padre de allí como fuera, a pesar de que la niña estaba, de nuevo, terriblemente angustiada ante la perspectiva de volver a la fuerza con su madre. La señora que decía ser “psicóloga” dijo al padre que saliera a hablar a otra habitación prometiendo a la niña que volvería.

Cuando salieron los dos indicó la puerta al padre para que se fuera a lo que de ninguna manera accedió levándose a la niña acto seguido.

Pasaron unos días, el padre mentalizó a la niña de lo inevitable y el día que volvieron a ser requeridos para acudir al punto de encuentro dejó a la niña en casa de la madre, lo que resultó menos duro para la niña que tener que aguantar el trato de una pseudo-psicóloga en ciernes.

A partir de ahí la niña ha pasado a tener un trato aún más discriminatorio que el que ya tenía antes con respecto a su hermana, y podemos decir, sin temor a equivocarnos, que estamos asistiendo a una nueva versión de “La Cenicienta” al modo y usanza del siglo XXI, o sea a una ley deficiente añadimos incapacidad e incompetencia aderezado con sensiblería a múltiples niveles (o España cañí).

Firma: un afectado más de la plaga SEPARACION-DIVOCIO, versión española

(Nota: los Puntos de Encuentro son de desencuentro?)