Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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¿Padres contra su voluntad?

LA VOZ DE GALICIA 2/10/2003
La Justicia condena a los embriones Un tribunal británico e impide a dos mujeres divorciadas ser madres al ordenar la destrucción de los embriones congelados durante su matrimonio

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Las células cancerígenas se expandieron rápidamente por el útero de la británica Natallie Evans (31 años).

Su sueño de tener un hijo empezaba a resquebrajarse, pero existía una fácil solución para mantenerlo en pie: extirpar los óvulos y someterse a un procedimiento de fecundación in vitro. Natallie y su marido, Howard Johnson, decidieron, de común acuerdo, iniciar el proceso de fertilización artificial.

Seis embriones congelados abrieron la esperanza hacia la ansiada maternidad.

También en el Reino Unido, pero a cientos de kilómetros de distancia, se desarrollaba paralelamente una historia semejante. Lorraine (38 años) y Wayne Hadley habían fiado su felicidad a dos embriones.

Sólo faltaba esperar a que la ciencia obrara el milagro de la creación. Pero en este proceso algo empezó a fallar. La felicidad desapareció en las parejas y ambas pusieron fin a su relación. Sólo quedaba algo que las unía y separaba a la vez: los embriones.

Mientras que Natallie y Evans estaban dispuestas a seguir a toda costa con el proceso de fecundación in vitro, Howard y Wayne ponían el mismo empeño en impedírselo.

La disputa acabó en los juzgados, en una batalla legal sin precedentes en Gran Bretaña iniciada hace algo más de un año y en la que los jueces no pudieron sustraerse al debate social que generó el caso.
¿Qué derecho prevalece, el de una mujer que quiere desesperadamente ser madre a cualquier precio o el de un hombre que no tiene el más mínimo deseo de afrontar la paternidad con una pareja que ya no quiere?

El penúltimo episodio de una historia que ha conmocionado a la sociedad británica llegó ayer con la sentencia de la Corte Suprema de Londres que, lejos de entrar en aspectos de orden moral, se limitó a aplicar la más estricta legalidad para zanjar el conflicto: los embriones deben destruirse.

El veredicto, que priva a Natallie y Lorraine de su única esperanza de ser madres, sigue fielmente el dictado del Acta de Fertilización Humana, en vigor desde 1990 y que establece que los embriones deben ser destruidos si las partes en litigio no autorizan su conservación o posterior utilización.

Nicholas Wall, el magistrado que llevó al caso, expresó su simpatía por las partes implicadas, pero precisó que su misión era hacer cumplir la ley.

«El acta -dijo- da derecho a un hombre que esté en la situación de los afectados a determinar si no quiere ser el padre de un niño con una mujer de la que se ha separado y con la que ya no tiene nada en común, aparte de los embriones congelados».

Para Natallie Evans, sin embargo, el fallo pone fin a su sueño. «Está desesperada, decir que está decepcionada sería un eufemismo. Está destrozada, porque para ella estos embriones son sus bebés», explicó Muiris Lyons, la abogada de Evans, que ayer puso voz a su frustración.

Para la letrada, la batalla todavía no ha llegado a su fin, ya que bien la Corte de Apelaciones o el Tribunal Europeo de Justicia podrían devolver la ansiada maternidad a Natallie y a Lorraine, aunque todavía no se ha decidido si se presentará el recurso.

El caso sigue vivo y puede que en el futuro resuelva la contradicción expuesta ayer por Ian Craft, director del Centro de Fertilidad de Londres: «Es una ironía -dijo- que una mujer tenga todos los derechos en una concepción natural, y ninguno en una fecundación in vitro».