Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Argentina: EL GRUPO DE REFLEXIÓN PARA DIVORCIADOS.

Una técnica de abordaje y prevención en la crisis del divorcio.

INTRODUCCIÓN La separación matrimonial es un factor desencadenante de estrés en la vida humana, todos nos casamos para toda la vida, sin embargo los casamientos acaban antes de lo esperado: las estadísticas muestran que 7 de cada 10 matrimonios terminan antes de los diez años.

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La crisis de las Instituciones también atraviesa a la Institución matrimonial, no obstante, las ganas de vivir en pareja estable se mantiene siempre igual que hace 100 años.

Pocos acontecimientos vitales en el hombre están tan plagados de cambio y de estrés como los que requiere la situación de un divorcio. Cuando el ordenamiento matrimonial se transforma y desaparece, todo o casi todo cambia y es nuevo, se debe poner en acción actividades diferentes en las que el aparato psíquico debe realizar una serie de operaciones para reacomodarse rápidamente a estos cambios.

La persona que se separa tiene que enfrentar diversas pérdidas que la llevan irremediablemente a duelos que en un primer momento la sustrae de las actividades cotidianas que venía desarrollando: un proyecto, una pareja, la cotidianeidad con los hijos, se pierden amigos de la pareja que terminan tomando partido por uno u otro.

Si bien el momento de la separación es uno solo para los miembros de una pareja, son absolutamente diferentes los sentimientos del hombre y de la mujer ante semejante situación.

EN EL HOMBRE
La educación y las enseñanzas recibidas por los varones han sido siempre trasmitidas desde la cultura como la de tener que sostener ser el “sexo fuerte”, las de “competir entre ellos”.
Quién no recuerda aquellos juegos de varones de ver quien llega primero, quien es el más atrevido, el más valiente, o el que avanza con las mujeres.

También nos dijeron...”los hombres no lloran”... nos criaron con el mensaje de aguantar todo a “pie firme” y a no llorar como “mujercitas”. Por lo tanto, los hombres a la lucha, ¡a ser proveedores!, se ha esperado siempre que el hombre sea un activo protector de la familia, alejado de lo doméstico y dedicado a la esfera de lo público, el resultado es que los hombres lamentablemente no son muy proclives a la consulta y mucho menos a pedir ayuda ya que ello es vivido como muestra de debilidad o flojera, intentarán solucionar sus cuestiones solos.

Es en general el hombre quien tiene que dejar la sede del hogar conyugal, se va “con lo puesto”, pierde no sólo la cotidianeidad de la relación con sus hijos, sino que se debe trasladar a un lugar “nuevo” y sin identidad, donde ir a vivir solo y al que tiene que proveer y proveerse de elementos absolutamente nuevos y diferentes de los que venía utilizando.

En algunos casos pueden alquilar o adquirir un departamento, en otros deben volver a vivir nuevamente con sus padres con el confronte de identidades que ocurre cuando se da este tipo de convivencia después de muchos años:

Un hijo adulto, divorciado y con hijos, volviendo a vivir con mamá y papá, y recibiendo de “visita” a sus propios hijos.

El hacerse cargo de pasar “alimentos” es uno de los temas sumamente complejos y de difícil resolución que muchas veces originan conflictos y violencias cruzadas.

El hombre tiene la tendencia a sentir y pensar que cuando se casa, son los proveedores de seguridad material, respaldo, estatus y sostén, lo hacen no por nada, sino a cambio de lo que reciben de su mujer, conformando un equilibrio.

Cuando este equilibrio se rompe o desaparece emergen las crisis de cambio en la cual al perder el control sienten que el dinero que pasa en concepto de los alimentos para sus hijos, su “ex”, lo gasta en cualquier cosa menos que en los menores, originándose una escalada de violencia con final muchas veces trágico. Prefieren pasar los alimentos en cosas concretas, como comprarles útiles, ropa o juguetes en vez de poner el dinero.

Intentan evitar así el sentimiento predominante de seguir siendo los proveedores.