Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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Familias Rotas

"Lo importante no es mantener hasta el final una familia desestructurada por el bien de los hijos sino crear ambientes seguros en los cuales poderlos criar"
Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo

Publicado el

Equilibra la nueva convivencia

En este artículo me gustaría ahondar en el tema de la separación y como ésta puede afectar a nuestros hijos, cómo se viven las relaciones posteriores y cuál será el mejor ambiente para criarlos.

A diario recibo cartas en las que preguntáis cómo llevar una reciente separación para que afecte lo menos posible a los hijos y esa respuesta es la que espero transmitir con estas letras.

Mi punto de vista aquí no será del todo objetivo porque yo también rompí una familia, que ya no se mantenía demasiado en pie, pero pienso que el hecho de estar yo misma involucrada me hace poder entender mejor la forma en que viven esa experiencia de ruptura los diferentes miembros de una familia.

Cuando una pareja o alguno de sus componentes percibe que el deseo se ha perdido, el amor se ha desvanecido, las peleas y malentendidos son demasiado continuados, han encontrado el amor en otra parte o han sido víctimas de infidelidad cabe esperar que se produzca la primera comunicación entre ellos que les conduzca a un terapeuta de pareja o al abogado para tramitar el divorcio.

Si ambos son aparentemente "civilizados" se supone llegarán a un entendimiento pero habitualmente esto no es lo más común.

Si uno es o se siente "víctima" de la "maldad" del otro miembro por querer el divorcio, hará todo lo posible en una primera instancia por recuperar a su "media naranja".

Mostrarán conductas histéricas, intentos de suicidio para llamar su atención y tocar la fibra sensible en el complejo mundo de los sentimientos del otro. Suele corresponder a este tipo de personas aquellas dependientes que han estructurado su propia vida como si perteneciera al otro.

Su felicidad depende del otro y sin él, no saben vivir.

Detrás de este abanico de conductas destinadas a mantenerse aferradas a su pareja podemos encontrar un sentimiento de humillación que les hace intentar recuperar al otro para posteriormente, meses o años más tarde, devolverles la jugada.

Pareceremos tristes y que el mundo se derrumba a nuestros pies pero en nuestro cerebro ya andamos maquinando la venganza. Esta es la crueldad del ser humano y ¿nosotros somos los que hablamos de humanidad?