Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Carta abierta a los políticos

A través de esta carta, quiero hacerle llegar mi punto de vista sobre problema, que no por ignorado deja de afectar a muchísimas personas en la Comunidad de Madrid. Me refiero a los padres separados.
Leopoldo Cuesta Gómez

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Es muy difícil resumir en pocas palabras los sentimientos de exclusión e injusticia que he ido acumulando desde que comenzó esta experiencia alucinante del divorcio.

Le ruego que dedique un poco de su tiempo a leerla. Tenga en cuenta que en unas elecciones en número de votos de hombres separados, es numéricamente igual al de mujeres separadas, aunque nosotros somos política y socialmente invisibles.

¿La Paternidad no existe?

La situación de la madre con respecto a los hijos está bastante clara. La madre no pierde su papel en un divorcio, sigue siendo madre y nadie discute la importancia que tiene para los hijos su presencia.

Tanto es así que el 95% de las custodias en un divorcio se dan a la mujer. Incluso la mujer se “beneficia” de una cierto ambiente social que la considera una especie de víctima ontológica, y se la considera a priori “sufridora abandonada”, aunque la realidad estadística nos dice que la mayoría de las rupturas están provocadas formalmente por ellas.

Otra cosa muy distinta, ocurre con el hombre. Cuando el matrimonio se rompe, el hombre no solo pierde la pareja, pierde de hecho la paternidad, pues socialmente no existe el papel de padre fuera del matrimonio.

No se ve al padre como una figura autónoma independiente de la mujer. Un hombre solamente es padre mientras su matrimonio funciona.

Expectativas sociales esquizofrénicas.

Socialmente, no se sabe que hacer con un padre separado “no culpable”, puesto que se supone que un “buen padre” no bebedor, no juerguista, no promiscuo, no puede ser sujeto de divorcio. Si la mujer quiere romper el matrimonio es porque “algo habrá hecho”.

Nos encontramos así con la primera discriminación sexista; mujer separada: “victima”, hombre separado: “algo habrá hecho”. Se rompe por tanto el principio constitucional de la presunción de inocencia: esta es para la mujer, para el hombre funciona la presunción de culpabilidad.