Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Reflexiones desde la masculinidad

Rafael Blázquez:

En la biblioteca, descubrí un libro que llevaba el sugerente título:
Hombres: manual de uso y disfrute (Stephanie Brush).

Publicado el

Imaginé las consecuencias que para el feminismo y la mujer en general tendría un título invertido (Mujeres: manual de uso y disfrute); mientras el título original provoca en el varón la sonrisa (resignada); no así en la mujer, la inversión de tal título.
¡Tienen razón!

¿Por qué esa diferencia de criterio de un sexo a otro?.
Muchos hombres quieren sentirse integrados en los valores de esta época (por mala conciencia histórica), otros, pasan de puntillas con las formas ("creen o quieren creer"), más la fuerza del rodillo de los modos e ideas imperantes obligan, no perdona al discrepante...

El feminismo (siempre en frustración tanto por defecto, como en el exceso -no es suficiente-) lo traduce en reivindicación constante.

Recientemente ha aparecido en el mercado una novela escrita por Mercedes Salisachs "La conversación", en la que descubre la figura no mediatizada, yo diría que incluso ocultada (la mujer por interés y el hombre por orgullo -otra forma de machismo-), del maltrato hacia el hombre por parte de la mujer.

Hoy día (en verdad siempre, actualmente más evidente por el cambio de comportamientos), amplia parte del sexo femenino gusta y aplaude (dándole talante de modernidad y singularidad) como máxima aspiración de valores sentimentales (entre mujer y hombre), el "flirtear"; la idea de pasos mayores los ve como limitación a su libertad (relevancia que sólo la aprecia cuando logra la independencia económica, de otro modo no le interesa).

Como buena utilitarista éste modelo de mujer sólo atiende a las consecuencias (con dulces cantos de sirena), argumenta ver en el "flirteo" (en realidad, reconocimiento a su ego; el en cual, el hombre puntúa inconscientemente su vanidad) una relación espontánea, sana y de desinhibida amistad, que el varón en su trasnochado machismo (de animalismo y despreciativo hacia su sexo) no sabe ver en su límite.

Si su interés es el contrario, llegar a una mayor unión (y no obtiene la respuesta esperada -habiendo movilizado afectos-) se le acusa por los mismos motivos, de carecer de sentimientos y se enfatiza el mito machista.

Esta explicación no pretende meter a toda mujer por el mismo cauce (seria injusto), si por su peculiaridad como carácter del sexo femenino (su escala se matizará en función del nivel ético que disponga); por ambas lindes del cauce está la disparidad, en unas por la carencia de dicha descripción anteriormente expuesta y las otras (donde hay coherencia), sabiéndose poseedoras de todas esas ventajas de su sexo, tienen la inteligencia ética de ver en el opuesto un prójimo diferente y complementario (para compartir o no con él -incluso total desinterés-, pero sin intención de manipulación).

La mujer postula por un hombre que la comprenda (como ella cree que se la debe entender), valore y, en caso de vida en común, comparta los quehaceres cotidianos (en igualdad).

Raramente lo encuentra en toda su amplitud (al igual que el hombre), pero, cuanto más se acerque al modelo mediático e idealizado "posiblemente antes se pondrá fin a esa unión". ¿Por qué?.

Reaparece la insatisfacción (una constante de los deseos imaginarios o reales -no importa si los tiene, si no los percibe como tal; es como si no existiesen-), que se acompaña de un cierto sentimiento de subestimación hacia su compañero; se siente defraudada (ha comparado las actuaciones de distintos hombres -por otras, que a su vez, le han comentado su propia insatisfacción- pero,.... todos tenían "algo" superior al suyo).

El tiempo le acumula razones (si su pareja ha sido un miserable posee argumentos sólidos, y si ha sido un santo bendito, también los encontrará. Si está decidida tiene explicaciones).

¿Realmente las tiene?,
¿o, no?... el feminismo ha fomentando ciertos valores éticos, ha caído en la misma falsedad que el machismo.
 
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