Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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DESIGUALDAD SALARIAL

RAMON PASTOR QUIRÁNT

Empeñados andan algunos sindicatos y las organizaciones feministas en querer demostrarnos que los salarios de las mujeres son un 30% inferiores a los de los hombres.

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De las organizaciones feministas no me extraña nada que extremen las cifras talmente como los frentes siberianos extreman las temperaturas en enero.

Lo curioso sería que no las distorsionaran ya que, al igual que las organizaciones machistas, procuran el bienestar exclusivo de los miembros de su género y al otro que lo frían con patatas rancias.
Pero que los sindicatos anden siempre con las mismas es algo que me tiene muy preocupado.

¿Congeló las mentes de algunos de sus dirigentes algún frente de ésos y desde entonces repiten siempre el mismo estribillo con una contumacia digna de El Empecinado?

Porque si lo dicen, que lo demuestren. Y yo, francamente, no veo demostraciones por ninguna parte.
Sólo parrafadas altisonantes que se repiten como la cebolla.
Sí, ahora recuerdo un ejemplo que dieron de esa discriminación salarial.
La citaron hace bastante tiempo y se basaba en el trato desigual que daban a una limpiadora de suelos respecto un limpiador de ventanas.
Para el sindicato que mencionaba el ejemplo, y con una ecuanimidad digna de Judas, ¡eran el mismo trabajo! ¡Lógico pues que se quejaran de que el de las ventanas cobraba más!

Ya no he visto nunca ningún otro “ejemplo”.

¿Por qué? Pues sencillamente, porque no los hay.
No hay ninguna empresa que, a exactamente igual trabajo (especifico lo de “exactamente” para evitar que los listillos malinterpreten la cuestión) un hombre cobre más que una mujer.

Y cuando aparece alguna aislada que se le ocurre semejante desmán, para eso están los abogados, los juzgados y otros mecanismos que hacen que, en poco tiempo, se le caiga el pelo al autor del desaguisado.

Otra que tal es cuando algún sindicato nos sale con que las mujeres ocupan un tanto por ciento ínfimo de los puestos mejor pagados, cuando constituyen el 43% de la mano de obra, o que la mayoría de altos cargos lo ocupan hombres.

¿Qué pasa? ¿Hay que regalarles los mejores puestos a las mujeres para que las cifras salgan guai?
¿O, sencillamente, hay que ganárselos a pulso igual que el señor del 5º o el hijo del fontanero?

No es cuestión de cifras, sino de hombres y mujeres con nombres concretos:
Luís, Silvia, Antonio, Raquel… que los tenemos como vecinos, parientes o amigos.
A mí, si me dicen que en una empresa han puesto de jefa a Silvia porque es mujer, y se han dejado a Antonio en la cuneta porque es hombre, la verdad es que me cabrea por lo estúpida que es esa decisión.

Siempre me han parecido deleznables los enchufes, y eso que llaman discriminación positiva no deja de ser una canallada como la copa de un pino.

Porque entre Silvia y Antonio, sencillamente, hay que elegir al más capacitado y con más disponibilidad para la empresa.

Y punto y final.