Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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EL PERRO ES MÍO

RAMON PASTOR QUIRANT

¡Pues claro que es suyo! Y tratándose de una mujer que pide una separación o divorcio, también lo es el coche, la casa, los hijos...

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, su salario y la mitad del de su ex marido, los aparatos de televisión y de vídeo, el ordenador, los muebles, la ropa de casa, los libros, las Barbies…

De hecho, ¡todo es suyo!

¿Alguien se cree lo contrario?
Sin embargo, hay un detalle en esa sentencia famosa del perro concedido en propiedad a la mujer, pero con un derecho de visitas para el hombre, que me ha llamado poderosamente la atención.
Verán, la jueza da por supuesto que el perro tiene que ser de la mujer porque cuando se compró… ella lo puso a su nombre.
¡Aleluya! Porque, siguiendo la misma regla de tres, a partir de ahora, y al menos con esa jueza (y espero que cunda el ejemplo), todo en una separación o divorcio dependerá del título de propiedad.

La casa, ¿estaba a nombre del ex marido?
Pues toda para él. Junto con los muebles que hubiera comprado.
¿Y el coche que es de su propiedad, el negocio, incluso su sueldo?

¡Todo para él!
¿O acaso no está a su nombre y él es quién se lo curra de ocho a ocho?
Ah, y por lo que respecta a los hijos, nada de nada de eso de que se los quede la madre porque sí, y que le echen al pobre desgraciado del ex marido un mísero régimen de visitas como quien le echa un hueso a un perro.
¡Hasta ahí podíamos llegar!
A partir de ahora, pues, y dado que los hijos son de ambos padres por igual, se compartirá equitativamente su cuidado, su educación, su salud, su desarrollo, su manutención…

Y si no es así, entonces es que estamos hablando de una hipocresía tan grande como la copa de un pino.

Vamos, que lo que en realidad pretendía la jueza era tomarnos el pelo.

Aunque, igual va esa magistrada de original por la vida.
Cosas más raras se han visto. O incluso, puestos a pensar en situaciones a cuál más estrambótica, la señora en cuestión ha hecho firmes votos de querer ser una jueza que, realmente, sabe impartir justicia, no como casi todos los jueces de este país, que se limitan a las prácticas al uso haciendo de la ley su sayo…

Díos mío, si es así, ¡que me cojan confesado! RAMON PASTOR QUIRANT