Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

IMPACTO EMOCIONAL DEL DIVORCIO

Documento elaborado por Gabinete de Psicología SEIVA
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Problemas sociales o ambientales, derivados del cambio de residencia o colegio, limitaciones económicas, cambios en las relaciones sociales. Pero, ¿todo es negativo en un problema de pareja? Obviamente no.

No son pocas las situaciones en que uno o ambos miembros de la pareja, y por supuesto los hijos, pueden experimentar una sensación de tranquilidad por “el cese de hostilidades”.

También hay muchas personas que experimentan un proceso de maduración personal.

Tanto padres como hijos pueden compensar su experiencia negativa al comprobar que son capaces de afrontar con éxito el problema que se les plantea, asumiendo nuevas responsabilidades y adoptando una perspectiva más acorde con la realidad.

Por otro lado, cuando una persona tiene ocasión, a veces por primera vez en su vida, de constatar su capacidad de adaptación, su eficacia para solucionar problemas, la percepción de sí misma es mucho más favorable.

La autoconfianza se fundamenta básicamente sobre experiencias en las que uno puede comprobar su habilidad, competencia o cualidades para resolver un problema importante.

Asumir los propios errores y generar los cambios oportunos, convierte el fracaso en una excelente oportunidad de aprendizaje.

Este aspecto, aunque ocurre con menos frecuencia, al menos, en las primeras etapas de la separación, no es tan infrecuente la experiencia de personas maduras y desde luego, comporta un carácter constructivo para el propio individuo.

El divorcio también nos puede hacer descubrir facetas positivas en personas cercanas que hasta el momento no habíamos tenido ocasión de constatar y que desde luego contribuyen a equilibrar la balanza vital de las personas que se ven implicadas en una situación de esta índole.

Con mucha frecuencia, cuando se comenta en una charla informal aspectos relacionados sobre el divorcio, casi siempre se hace referencia a las “víctimas”, “los niños que no tienen culpa de nada”.

Si bien es cierto que para los niños supone la misma situación de estrés que para los adultos, en el sentido de que el medio les está exigiendo un reajuste en muchas facetas de su vida y que tienen que adaptarse en definitiva a una nueva situación que en la gran mayoría de los casos ellos no lo hubieran demandado, hay que tener en cuanta que los primeros en sufrir las consecuencias de una situación de ruptura son los propios miembros de la pareja:
el padre y la madre implicados en el problema.

Y es precisamente en este momento de sus vidas en que se encuentran emocionalmente afectados, con rabia, frustración, con múltiples problemas prácticos por resolver, cuando su atención se centraría en sus propias heridas es cuando se les exige que adopten un comportamiento sereno, equilibrado, constructivo en relación a sus hijos ¡ardua tarea!