Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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Menores y Mediación Familiar

En su página de Tribuna Libre, de fecha 20 de Octubre pasado, D. Antonio José Sastre Peláez, exponía unas interesantes reflexiones bajo el título:
El conflicto:

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Si la mediación familiar debe ser un instrumento en manos de los jueces, para ofrecer, y yo diría imponer, en casos de crisis matrimonial, es para que los esposos puedan conocer las leyes que han regido su matrimonio, aunque no las han conocido nunca, en la mayor parte de los casos.

Hace poco, la Ilma. Sra. Secretaria General de Asuntos Sociales del Ministerio de Trabajo, manifestaba en Burgos que la mediación familiar permite que muchas separaciones y divorcios se hagan de mutuo acuerdo.
Para mi, si se me permite, eso es una barbaridad.
En primer lugar porque puede ocultar una realidad, que lo ha pedido un sólo cónyuge.
No hay nada que ocultar, pide un derecho que concede la ley, no los jueces.

En segundo lugar, un mutuo acuerdo implica que uno admite las posibles causas que pueda manifestar el otro.
No exige la ley manifestar causas, no exija nadie que el otro las admita. Cuando nadie puede obligar a un cónyuge a retirar una demanda de separación o divorcio, nadie obligue a nadie a admitir causa alguna.
Respetar si, admitir no.
Para mi, es una violación de derechos humanos imponer, como se viene haciendo, mutuos acuerdos.

Ofrece la ley varios caminos para acceder a la separación y divorcio, pues bien, ahí si se puede hablar, estudiar y negociar.

Ahí si que puede ser eficaz un mediador. Sobre los problemas sociales que se pueden presentar como consecuencia de la separación y divorcio sí puede ayudar un mediador, no para remediarlos, ya que no puede, sino para hacer reflexionar sobre ellos, mirando al futuro, no al pasado.

No exige la ley expulsar a nadie del domicilio familiar.
No exige la ley que los hijos vean a uno de sus padres, sólo, cuatro días al mes.
No, eso no lo exige la ley.
Se puede hablar de custodia compartida.

La separación y el divorcio no es el final de una vida para ninguna mamá, es el final de una etapa, nada más.

En tal difícil trance, si me permiten una última reflexión jurídica, es de plena vigencia uno de los artículos del Código Civil que trata de los derechos y deberes de los cónyuges:
"Artículo 67.
El marido y la mujer deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia."
En interés de la familia, hay que respetar la decisión de uno de los cónyuges de separarse o divorciarse, ya que no hay ninguna alternativa y sobran los argumentos en pro y en contra.

En interés de los niños hay que evitar conflictos en los juzgados por problemas sociales de los cuales no son culpables ni el padre ni la madre y no van a arreglar ni el juez, y quizá tampoco ayuden las instituciones.

Para mi, la mediación familiar, debidamente legislada, debiera ser obligatoria, a imponer por los jueces, y si alguien no quiere acceder a ella, debe justificarlo debidamente, no al contrario.
Por supuesto, en bien de los niños.
Ellos no tienen abogados de oficio.