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El concepto de habitualidad en el delito de violencia doméstica

Interpretación doctrinal y jurisprudencial.
De: Jesús Morant Vidal
Fecha: Septiembre 2002
Origen: Noticias Jurídicas

Publicado el

Interpretación jurisprudencial

La jurisprudencia más reciente del Tribunal Supremo en esta materia ha creado un cuerpo de doctrina apreciable.
De entre los pronunciamientos más significativos de nuestro Alto Tribunal podemos destacar, por su claridad respecto al requisito de la habitualidad en el delito de violencia doméstica, los siguientes:

En la Sentencia de 24 de junio de 2000, el Tribunal Supremo declara lo siguiente: "Desde este enfoque constitucional, único que resulta adecuado dada la naturaleza del tipo penal, debemos analizar la impugnación del recurrente.
Este, como ya hemos dicho y ahora se reitera, se limita a afirmar que los dos únicos actos de violencia datados en el factum lo son a mediados de 1997 cuando le dio varios puñetazos a Adela, y el 15 de octubre de 1997, cuando le dio un puñetazo en el ojo a Tania causándole un gran hematoma y tirándola al suelo, respecto de ambas agresiones que no se niegan, se dice que se trataría de dos faltas que ya estarían prescritas y que además no fueron denunciadas.

El motivo debe ser desestimado.

Lo relevante es constatar si en el factum se describe una conducta atribuida al recurrente que atente contra la paz familiar y se demuestre en agresiones que dibujen ese ambiente de dominación y temor sufrido por los miembros de la familia, abstracción hecha de que las agresiones hayan sido o no denunciadas o enjuiciadas y que permitan la obtención de la habitualidad que junto con el ataque a la paz familiar constituyen las dos coordenadas sobre las que se vertebra el tipo penal".

La Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de julio de 2000, es fundamental en el estudio de la materia que nos ocupa.
En esta Sentencia se establece que "La habitualidad que necesariamente debe darse en el ejercicio de la violencia física dentro del ámbito de las relaciones familiares para integrar el delito autónomo del artículo 153 C.P. es una exigencia típica un tanto imprecisa que ha originado distintas corrientes interpretativas. la más habitual entiende que tales exigencias se satisfacen a partir de la tercera acción violenta; criterio que no tiene más apoyo que la aplicación analógica del concepto de habitualidad que el artículo 94 C.P. establece a los efectos de la suspensión y sustitución de penas.

Otra línea interpretativa, prescindiendo del automatismo numérico anterior, ha entendido, con mayor acierto, que lo relevante para apreciar la habitualidad, más que la pluralidad en sí misma, es la repetición o frecuencia que suponga una permanencia en el trato violento, siendo lo importante que el Tribunal llegue a la convicción de que la víctima vive en un estado permanente de agresión.

En esta permanencia radica el mayor desvalor que justifica una tipificación autónoma por la presencia de una gravedad mayor que la que resultaría de la mera agregación de las desvaloraciones propias de cada acción individual.