Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Reglas de oro de la comunicación en pareja

MARÍA ROSA ARIJA SOUTULLO Psicóloga
Una buena comunicación da solidez a la vida de pareja, de familia y de amistad.

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1.- En una buena comunicación hay que empezar por evitar los golpes bajos.
No dar a alguien donde le duele más, donde le des- valoriza. Es algo que con la convivencia se aprende fácilmente, pero es uno de los fallos que más dañan la comunicación. Ella naturalmente se sentirá ofendida si dice que. se parece a su madre con el ánimo de desvalorizarla.
Y él también se sentirá mal si se le recuerda lo torpe que estuvo en aqueIla reunión de amigos.

2.- Comunicarse bien implica aceptar crite- rios distintos.
La opinión del otro es tan válida como la nuestra por mucho que a veces el pensamiento del otro nos parezca tan irracional que nos cueste comprenderlo.
Nos será más fácil si por unos momentos nos ponemos en el lugar de la otra parte y vemos cómo éI se siente y qué le lleva a mantener sus puntos de vista.
Pensemos que la dificultad de entender otras maneras de pensar viene de nuestra propia inseguridad.

3.- Si se ayuda a nuestra pareja, hijo, amigo a que exprese sus sentimientos, le conoceremos mejor y aumentará el sentimiento de cercanía afectiva entre ambos.
Para que el otro se pueda abrir es impor- tante que se sienta aceptado, que aquello que siente nunca vaya a ser un motivo de reproche.
A él le puede costar decir que si no llama a su madre se siente inquieto, pero si teme que ella se lo tome como que sigue pegado a las faldas de su madre y que es una persona dependiente, no lo dirá.

4.- Ni vencedores, ni vencidos. Hay que evitar establecer luchas de poder.
En un diálogo, conversación o hasta en una pelea, al final no debe de haber ni vencedores ni vencidos.
Un acuerdo por imposición es siempre un mal acuerdo.
Con bastante facilidad el que ha salido perdiendo lo romperá en cuanto haya otro conflicto.
Un perdedor se siente resentido y con la estima por los suelos.