Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

Proyecto de Ley de Tuición (custodia) compartida para Chile

No cuestiona cual de los dos progenitores es más importante, o el mejor capacitado, sino que considera que ambos son necesarios e importantes por igual para el desarrollo integral y armónico de los hijos.

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I FUNDAMENTOS:

El normal desarrollo del grupo familiar, necesita la presencia real de ambos Padres, aún en los casos de familias disgregada.
La paternidad y maternidad son un conjunto de deberes y derechos que emanan de la reproducción.
Se entiende la reproducción por una parte como un proceso biológico, expresado en la unión sexual, embarazo y parto, y por otro lado, aspectos aprendidos en el contexto social, y que corresponden a los planos afectivos, formativo y económico.

La maternidad y paternidad, incluyen derechos y deberes.
Es un derecho puesto que existe un mutuo beneficio en la relación padres-hijos.
Asegurar la descendencia, es satisfacer una necesidad instintiva.
Educar a un hijo es una fuente de desarrollo personal, puesto que obliga a poner en práctica una serie de recursos para formar un ser similar a sí mismo, pero a la vez mejor que uno mismo.
También es un deber, puesto que implica una responsabilidad natural, moral, social, económica y civil ante seres desvalidos que merecen las mejores oportunidades para su desarrollo. El papel del hombre y la mujer, en la biología de la reproducción es diferente, sin embargo complementario, e igualmente imprescindible.

También en la crianza y educación ocurre esta complementación e imprescindencia. Padre y Madre son irreemplazables.

La familia tradicional, definida como familia nuclear biparental, es cada vez menos frecuente. La realidad estadística indica que la s familias monoparentales son una tendencia creciente en la familia chilena: de 17,6% a 24,5% en los Censos de 1970 y 1982 respectivamente. Datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística a través de la Encuesta de Empleo arrojan para 1989 un 28,5% de ellas. Estas cifras se explican por la existencia de madres solteras y en gran medida por el aumento progresivo de las separaciones conyugales.

Las nulidades matrimoniales se duplican en los últimos 15 años y la separación conyugal en Santiago (Chile) se estima en alrededor de 20%. Sugún el Censo de 1992 (Fuente: INE), en 559.000 hogares (17% del total de hogares) vive una madre o un padre sin cónyuge, con hijo y/o otros miembros. El 84% de estos hogares sin pareja (469.000), tiene como jefa a una mujer. Ello significa que un adulto solo - generalmente la mujer - se hace cargo del cuidado personal, educación y socialización de los hijos "por la sola disposición del Código Civil del año 1855", dificultándose el cumplimiento de los roles familiares, especialmente en los sectores más pobres, y obstruyendo, de paso, la incorporación de la mujer a la vida laboral.

Esta situación de ruptura del vínculo matrimonial, ocurre, en la gran mayoría de los casos, en medio de un ambiente conflictivo que entorpece el cumplimiento de los roles paternos y maternos.
La tendencia histórica y cultural favorece el estereotipo de los roles en que el materno se define como de cuidado, crianza y protección directos de los hijos, mientras el paterno se restringe al de proveedor material.

Este ambiente conflictivo y confrontacional provoca un evidente impacto en el desarrollo psicosocial de los hijos, en su autoestima, traduciendose en inseguridad, ansiedad, autoculpa, conflicto de lealtades, problemas conductuales y de rendimiento escolar.

Los estudios especializados demuestran que no es la separación en sí la que produce los problemas psicológicos, sino la forma inadecuada en que la separación se lleva a cabo. Los niños que presentan los mayores problemas generalmente provienen de matrimonios separados en que hay un conflicto antes, durante y después de la separación.

Ante esta situación, al legislador se le han planteado nuevas formas de abordar el problema, a través de la discusión de los proyectos de Ley de Filiación (Boletín 1060-07), la Nueva Ley de Matrimonio Civil (Boletín 1759-18) y la creación de los Tribunales de la Familia.
Sin duda, materias tendientes a fortalecer la mantención de los derechos y deberes asociados al vínculo filiativo que permitan resguardar la maternidad y la paternidad responsables, incluso cuando no hay conyugalidad.
Estas iniciativas son un significativo avance, "no obstante distan de satisfacer plenamente la concepción del principio de igualdad ante los hijos."

Los aspectos considerados en las propuestas legislativas, "mantienen el estereotipo del rol paterno como proveedor, y materno como de cuidado directo", dando escasas posibilidades de flexibilización e igualdad de oportunidades frente a los derechos y obligaciones que emanan de la relación filiativa, constituyendose así en fuente permanente de conflictos que derivan por una parte de los intereses económicos en juego, y por otro, de los intereses afectivos-emocionales propios de la relación Padre-Hijos.