Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

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¿HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE?

Publicado en la página del Colegio de Psicólogos
Julia Navarro, Mª Carmen Martínez, Reyes Martínez, Mª Dolores Gómez y Francisca Vicente

Publicado el

A comienzos del siglo XX, se entraba en el matrimonio de por vida, y las familias eran encabezadas por hombres que ganaban el sustento para todos sus miembros.

Cada pareja tenía una media de tres hijos o más, los niños eran criados por sus padres naturales a menos que la muerte disolviera el matrimonio (Harris, 1982). Entre el siglo XX y el XXI han sucedido una serie de cambios.

Hasta los años setenta se hablaba fácilmente de un "nuevo matrimonio", matrimonio de amor romántico fundado en la libre elección del cónyuge, en la búsqueda de una valoración amorosa de la pareja, por oposición al matrimonio "tradicional" impuesto por los padres, haciendo más caso al patrimonio que a los sentimientos.

Ahora bien, este matrimonio "moderno", a su vez, se ha convertido en símbolo, a finales de la década de los ochenta, de un modelo que, si no está en vías de desaparición, sí tiene, al menos, la competencia de otras formas de unión, a veces estables, a veces precarias, que rechazan la institucionalización.

Los interrogantes relativos al matrimonio contemporáneo deben tener en cuenta, como un dato integrante, el aumento del divorcio y de la unión libre (Segalen, 1992).

Si comparamos las nuevas actitudes acerca del divorcio con las relativas al matrimonio, el divorcio ya no aparece como una desviación: se inscribe en la nueva lógica del matrimonio.
¿Acaso no está presente, de alguna manera, implícitamente, desde la constitución de la pareja?.
En el matrimonio actual, los compañeros buscan sobre todo la felicidad y hacen una sobreinversión afectiva dentro de la pareja.
El lazo matrimonial ya no es constringente desde el momento en que se han asociado libremente.
¿Qué es lo que se puede romper?.
El hecho de que la pareja no esté a la altura de sus promesas, y sobre todo de las promesas que se hacía a la mujer.

Como factores importantes que contribuyen a la separación se pueden destacar:
1. Nuevos Roles y formas de sexualidad femenina. Separación de los aspectos reproductivos y hedonistas de sexualidad y cambio de actitud hacia la maternidad.
2. Caída de la tasa de fertilidad (introducción de anticonceptivos) y participación de las mujeres en el trabajo (búsqueda del desarrollo personal de la mujer fuera del ámbito doméstico).
3. Diferencias en las expectativas y mundos emocionales del hombre y la mujer.

Según el Centro de Mediación familiar de Castilla-La Mancha los factores que suelen ser causa de separación son:
1- Incompatibilidad de carácter.
2- Diferentes expectativas.
3- Comunicación poco eficaz.
4- Desamor.
5- Conductas adictivas.
6- Conductas agresivas.

Aunque ellos destacan principalmente el desamor como la causa real.

Por otra parte, la aceptación social del divorcio no hace que el divorcio sea menos doloroso.
La separación supone una pérdida afectiva de la persona que ha formado parte de nuestra vida con la que hemos mantenido una relación de amor, ahora transformada.
Supone una pérdida para todas las partes implicadas: hombre, mujer e hijos.
En algunas ocasiones podría calificarse como un fracaso en el proyecto de vida. Todo lo que se ha estado construyendo durante años se cae, se derrumba como un edificio cuando es demolido.

Afrontar la construcción de otra forma de vivir no es fácil. Tanto es así, que la Escala de Sucesos Vitales Estresantes desarrollada por Holme y Rahe (1967), adaptada por F. Labrador (1992) para la población española, sitúa al divorcio con un valor de 70 (0-100), sólo por debajo de la muerte de un ser querido (95), período de encarcelamiento o confinamiento (75); quedando con una puntuación de 68, 65 y 63, experiencias sexuales traumáticas (violación,..), problemas con las drogas y separación de la pareja, respectivamente.