Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

La gran falacia

No hay arma mas peligrosa que la palabra. Ya se dice que la lengua es como un pequeño timón que gobierna una gran nave. Es también según se dice en ella, un fuego y un infierno de maldad. Con ella bendecimos a Dios y con ella maldecimos al prójimo.

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Nosotros decimos sin temor a equivocarnos.
¡Señores responsables que determinan la vida de estos ciudadanos pequeños, pero, ciudadanos!.
¿cómo es posible que esto suceda a las puertas del tercer milenio? ¿Es que no tienen entrañas ni les afectan los destinos de millones de niños, que mañana serán sus mismos juzgadores?
¿En tan poco tienen este problema, que solo con parches y palabras persuasivas hacen o permiten que se produzcan semejantes dislates?
¿Cuándo van a despertar?

Hay que darles ante todo, sobre todo, y por encima de otros prejuicios o consideraciones, la oportunidad constante de que sus padres no dejen de tratarse con ellos, de proporcionarles cariño, consejo y dirección.
No vamos a discutir sobre lo que es colateral en los conflictos matrimoniales, aunque podríamos. ¡Y de que modo!.

Solamente estamos de acuerdo casi al completo, en que lo que ahora se «ejecuta» contra esos niños, hijos de divorciados, es una infamia y un robo de derechos, «perpetrado» con aprovechamiento de la debilidad y la simplicidad e inocencia natural de estos.

Si a un padre se le impide ver cotidianamente a su hijo legítimo, se le está robando a este padre (hombre o mujer) un derecho inalienable, y al niño se le está destruyendo con alevosía, ensañamiento, y abuso de superioridad, lo mas rico que poseen.
Su propio progenitor. Hombre o mujer. Y en muchas ocasiones hasta su propio bienestar, junto al padre que pueda conseguir sin muchas dificultades (que siempre las hay), tenerle por breves periodos de tiempo. ¡Vergonzoso!.

A este progenitor con la inicua ley de divorcio tan anhelada por todos tiempos atrás, se le despoja hasta de la posibilidad de mantener un tono de confort y dignidad económica, para que las inicuas «visitas» puedan igualarse siquiera con las del cónyuge «custodio».

Esto no es justicia.
Esto es procedimiento procesal que con vacuas palabras, perpetra el asesinato de las ilusiones de millones de ciudadanos mayores y menores.