Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

La familia monoparental

María Fernanda Pardo Pedernera Ex Directora Xeral do Servicio Galego de Promoción da igualdade do Home e da Muller.

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fenómeno antiguo en «problema social»: familias en que sólo el padre (el varón o la mujer) se encuentra al cuidado y crianza de sus hijos.
Por esto debemos examinar, antes que nada, cuáles han sido los factores que han transformado la situación de las familias incompletas en problema social.
Entre ellos habría que entender los decisivos en la construcción social de las familias monoparentales.
En primer lugar, podría ser por la generalización de la familia nuclear. Hoy el tipo de familia predominante es, en efecto, nuclear, tras un proceso evolutivo que en la sociedad española se ha producido desde el siglo XIX.
Y en el actual tipo de familia, si que es un determinante básico que se encuentre completa o no. Tanto por razones de trabajo o económicas, como por el aislamiento de la familia nuclear agravado en ausencia de uno de sus miembros adultos.
En tal situaci6n tanto las condiciones de vida del núcleo familiar, como las del propio hijo se ven afectadas negativamente, y además el proceso de socialización de los hijos se mutila sin mecanismos fáciles de compensación fuera del ámbito familiar.
En segundo lugar, el retraso en la emancipación de los hijos, la escolarización global de la población, su prolongación, así como el retraso en la edad legal de incorporación al trabajo, que sin duda suponen positivos beneficios colectivos, pero en ciertos supuestos, como en las familias incompletas, aumenta la duración de la dependencia familiar.
Y cuando esa dependencia familiar se produce, se están dilatando los efectos Cuando la incorporación al trabajo se iniciaba en la infancia o adolescencia, escasa repercusión ocasionaba el contar o no con la cobertura familiar completa.
Los problemas se producen precisamente en el momento que la sociedad articula un período de formación prolongado y lo estructura contando con el soporte familiar al sistema escolar. Si la familia carece de la composición estandarizada, la situación deviene conflictiva por principio.
En tercer lugar, las familias incompletas aparecen como problemas cuando una sociedad no acepta las discriminaciones. A la sociedad le corresponde afrontar los desequilibrios colectivos.
En nuestro país se trata además de uno de los principales mandatos constitucionales. Así el artículo 14 ya citado, establece la igualdad ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por cualquier condición o circunstancia personal o social.
Y el artículo 9 de nuestra Carta Magna impone a los poderes públicos la obligación de remover los obstáculos para que la igualdad de los individuos y los grupos sean tales y efectivos.
Estos compromisos constitucionales se han de traducir por consiguiente en la protección de todas las situaciones familiares, al margen de su naturaleza jurídica o no.
Entre otras razones para alcanzar una verdadera equiparación de los hijos, porque pensamos que la situación de los padres no debe repercutirles.
Éste es también el objeto integral de la infancia y de las madres, la equiparación de los hijos (matrimoniales o no) y la protección a la familia, que al no fundamentarla en el matrimonio encuentra pleno alcance también para las familias monoparentales.
El derecho del niño a obtener apoyo y protección social desde su nacimiento lleva a reinterpretar los criterios tradicionales de protección social, extendiendo la ayuda a la familia, a todas las situaciones familiares.
En cuarto lugar, otro factor a resaltar ha sido la creciente multiplicación de tipos de familias monoparentales en las últimas décadas, como consecuencia pensamos que: La quiebra de los controles sociales.
La reivindicación del derecho a la maternidad libremente elegida al margen de la vinculación matrimonial, que a su vez se ve favorecida por la desaparición de la legislación y, (aunque en menor medida), de las actitudes sociales discriminatorias.
· La paulatina implantación de pautas de permisividad sexual.
· La reincorporación de la mujer al trabajo extradoméstico, y sobre todo su acceso a niveles ocupacionales elevados, que le permite una autodeterminación de su propia vida posibilitando su proyecto familiar al margen de la vinculación jurídica matrimonial y de convivencia con un varón.
Aunque la entrada de las mujeres en el mercado de trabajo ha experimentado un desarrollo considerable, su posición en el mercado laboral es de inferioridad respecto a los hombres, y esta desigualdad respecto al trabajo se agudiza con la recesión económica.
Son las mujeres y los jóvenes los primeros afectados por el paro. Por eso, cuando las mujeres forman con Subs. hijo/s una familia monoparental, su situación social de por sí desigual, se convierte en precaria. Esto es cierto en las madres solteras jóvenes poco dotadas en términos de capital cultural y experiencia profesional, pero también lo es en mujeres que pasan a ser familias monoparentales como consecuencia de la ruptura.
Varias investigaciones han demostrado que después de una ruptura las mujeres pasan bien puntualmente o de manera duradera por un empeoramiento de sus condiciones de vida.
El número de separadas -divorciadas y madres solteras- ha aumentado mucho últimamente, lo que incrementa potencialmente el número de niños que se enfrenta a condiciones de existencia a menudo precarias.
Aunque hay que constatar y resaltar que la respuesta social a estos hogares y a los problemas económicos que experimentan ha cambiado afortunadamente bastante en los últimos años.