Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

El Papa apela a la conciencia de jueces y abogados católicos para que no intervengan en casos de divorcio

Los mal pensados pueden creer que sólo se trata de recuperar la ?exclusiva? de los Tribunales Eclesiásticos en las decisiones de ruptura de pareja. Pero no, no puede ser, ya que muchos divorciados en los tribunales civiles acuden al Tribunal de la Rota...

Publicado el

para “descasarse” alegremente, pasando a sus hijos a la situación de ilegítimos ante la Iglesia.
Y como antes de la promulgación de la Ley de Divorcio se llevaba el “ahí te quedas” o “ahí os quedáis”, tampoco creo que se incrementase notablemente el número de casos a tramitar ante los tribunales eclesiásticos si abogados y jueces siguiesen la recomendación papal.
El divorcio repugna al Papa, la nulidad del matrimonio no. Claro que la nulidad requiere un culpable y se devuelve a su pureza legal y sacramental la institución matrimonial estableciendo que nunca ha existido matrimonio aunque haya habido convivencia feliz, hijos e intereses comunes durante un tiempo.
Nosotros creemos que el divorcio es una solución quirúrgica y que si es posible recuperar la felicidad de la pareja con problemas vale la pena intentarlo, pero no se puede admitir que te impongan el cilicio de una convivencia insufrible.
A mí me puede merecer respeto el que haya personas que se auto inmolen soportando una convivencia infernal, pero también espero que no me lo impongan. Curiosamente fue la presión de la Iglesia la que consiguió incluir la necesiada de alegar “causas de divorcio” en la Ley. Temían que la gente se divorciase “caprichosamente” (me pregunto si no será mejor prevenir poniendo obstáculos al matrimonio).
Y uno de los más graves vicios de la actual Ley de Divorcio es, precisamente que sea necesario acusar al padre o a la madre de tus hijos de alguna infamia si no existe acuerdo, fomentando con ello los enfrentamientos; de modo que si al comenzar el proceso existía un cierto respeto unido al desamor, enseguida se pierde el respeto y se pasa al odio furibundo.
Lo que es imprescindible es adaptar la miserable Ley de Divorcio que padecemos a la realidad social de nuestro tiempo, y esperemos que la Iglesia se dedique al púlpito y al culto y se olvide de los que no aceptamos una autoridad moral que cada vez resulta menos creíble.
Antonio M. Díaz Piñeiro Presidente Asociación Gallega de Padres y Madres Separados