Asociación Gallega de Padres y Madres Separados

Ayuda práctica, jurídica y psicológica padres, madres, separados, divorciados e hijos

COMUNICADO

La violencia de género existe, y es bidireccional.
También existe la violencia contra niños y ancianos, pero eso no interesa a las asociaciones de feministas

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Que, a estas alturas, tenemos que remitirnos a estudios de otros países porque en España todavía NO se ha hecho un estudio de similares características, cuya finalidad objetiva sea, por encima de cualquier otra consideración, la búsqueda de la realidad social en la materia que nos ocupa y preocupa.
En este sentido, exigimos que se haga ese necesario estudio de carácter nacional, riguroso, científico y objetivo, en el que deberán tener cabida necesariamente las opiniones de TODOS los sujetos inmersos en el problema que se pretende analizar.
Lo demás, como venimos denunciando en la medida de nuestras posibilidades, raya en la demagogia, la injusticia y la demonización generalizada de una de las partes afectadas.
Que han sido en la mayoría de las ocasiones las propias instituciones las que han deformado y sobredimensionado, subjetivamente y sin datos fiables, la realidad de la violencia doméstica.
Es el caso de la macroencuesta auspiciada por el Instituto de la Mujer, cuyos resultados (dos millones de maltratadas), publicados en marzo de 2000, sirvieron de pretexto para la adopción de estrictas medidas legales, equivalentes en la práctica a la presunción de culpabilidad para el varón. Una situación de "indefensión anticonstitucional" especialmente constatable en los Tribunales de Justicia en general y en los procesos de separación y/o divorcio con hijos en particular.
(Como anexo a este manifiesto se acompañan las trece preguntas formuladas en esa macroencuesta, que elevan a la categoría de violencia comportamientos cuanto menos dudosos y en algunos casos incluso triviales.)
Que el enfoque institucional de la violencia doméstica yerra por parcial: orientándolo hacia la "violencia de género", donde se pretende circunscribir los actos de violencia dentro de la familia a una expresión de odio o menosprecio contra la mujer, cuando la realidad nos demuestra que hay víctimas y agresores de ambos sexos, indistintamente;